domingo, 11 de marzo de 2012

IGOR Y SU ÉPICA VAMURTA

Photo by Mario

La noche llegó más rápidamente de lo esperado, el invierno en estos lares tiene esas cosas. Mi amigo Mario y yo caminábamos con paso acelerado por una de las pocas calles empedradas que han sobrevivido al desgaste que significa vivir eternamente a la intemperie en esta ciudad milenaria, tres veces inmortal.


Manteníamos una acalorada comversacion sobre uno de nuestros temas favoritos, el noble arte de intentar, desde la facundia, arreglar este mundo sin remedio.


- Crees que acabaremos como Grecia -le pregunté a Mario, mientras cruzábamos un puente de hierro, que dicen está emparentado con la torre parisina, y que nos transportó al otro lado del río.

Photo a medias con Mario

- Acabaremos igual o peor, ya verás, tiempo al tiempo -me contestó-, Europa está decidiendo por nosotros, empujandonos al vagón de cola continental, hasta hacer que nos caigamos de este tren llamado progreso.


- No me jodas nen, pero si el gobierno ha jurado y perjurado que aplicando los recortes y la nueva reforma laboral esto no pasaría. Y ya de paso, con la excusa de lo inevitable, eliminar de un plumazo las pocas herramientas de que disponen los trabajadores para defender sus, ya de por si, maltrechos derechos.


- Ja, ja, y ja, mira que eres cachondo, y lo que te gusta la ironía fina, ¡eh! -dijo Mario.


Mientras nos reiamos, pasó junto a nosotros una gachí espectacular. Mario me dio un codazo en las costillas para que admirase el monumento, y los dos nos quedamos un rato observando, como buenos españoles que somos, el paisaje, las flores, los pajaros, los monumentos y ..., las monumentas. Al poco seguimos andando y hablando, pero el tema de conversación se había desviado hacia otro de nuestros temas favoritos... La literatura..., bueno, otro más de nuestros temas favoritos.


La librería estaba a punto de cerrar sus puertas cuando entramos.
Photo by Rafa


- Buenas tardes -le dije, cortésmente al dependiente, pero este ni contestó, absorto como estaba en la información que una voluminosa pantalla de ordenador iba desgranando, pixel a pixel. Mario me hizo un ligero gesto con la cabeza, que yo interpreté como "ahí te quedas, yo a lo mío", y se alejó entre un laberinto de pasillos bordeados a sus flancos por innumerables pilas de libros. Novedades literaria impresas hacia poco y que todabia despedían ese olor inconfundible a fantasías recién cocinadas, y a sueños aun por imaginar.


- ¡Perdone!, insistí, viendo que el dependiente de la librería no me hacia ni puto caso.

- Un momento por favor -articuló, sin ni siquiera mirarme.


Ya empezaba a impacientarme cuando el libretero levantó la vista y me preguntó, con aire cansino, lo que deseaba.


- He recibido un mensaje en el móvil informandome que el libro que encargué ya había llegado.

- ¿Como se llama?

- Rafa... Rafael Navarro.

- No, el libro.

- ¡Ah, perdona!... Antigua Vamurta, de Igor Kutuzov.

- Un momento por favor... Sí, aquí lo tengo. ¿Es este?, -dijo el dependiente, alzando el libro y  mostrándome la portada.

- Correcto. Ese es.


El dependiente deslizó el lector magnético sobre la solapa trasera, y un agudo ¡beep!, indicó que el código de barras había sido leído correctamente.


- Son 17,95, por favor.


Solté la lana sin pestañear, pese a la que estaba cayendo por culpa de esta maldita crisis, y sin preocuparme demasiado de lo que dicen se espera que caiga, que se intuye que será mucho peor. De lo que no hay duda es que si en este 2012 no se acaba el mundo, tal como apuntan las profecías, lo recordaremos como uno de los años más terroríficos y trágicos vividos por las millones de personas que habitan este país de locos.


Ya con el libro en mis manos, me giré buscando a Mario, y lo encontré sacando fotos a las portadas de los libros. Una vez me comentó que fotografiaba los libros que le parecían interesantes, para poder recordarlos y leerlos más adelante. Yo siempre he creído que con la cantidad de fotos que ha hecho estos últimos años va a necesitar siete vidas para poder leerlos todos.


- ¿Ya lo tienes?, enseñamelo -me dijo-. Joder que portada más cañera. ¿De que va? ¿Es de misterios del más allá? ¿Científico? ¿Histórico? ¿Erótico?


- No, es una novela épica -le dije, mientras salíamos de la librería-, y además la han publicado en una editorial de tu tierra.


- ¿De Granada? No me jodas. Mira que yo creía que sólo quedaban los vagos recuerdos culturales de una civilización extinta.


- Pues no. Parece que una pequeña editorial sobrevive pese a la decadencia del mercado literario. Se llama Grupo Ajec. ¿Te suena?


- La verdad es que no. ¿Qué edita?


- Sobretodo Ciencia Ficción y novela Fantástica. Pero lo más interesante es la cantidad de escritores del país a los que publica.


Una fina niebla envolvía ya una ciudad aletargada. Esta urbe cansada y vacía se adentraba en la desconocida soledad de una fria noche que, con las calles humedecidas por una tenue neblina, reflejaba bagamente una luna parapetada tras nuves intermitentes.


Mario y yo caminábamos lentamente hacia un bar cercano, con la terrenal intención de finiquitar el dia con algo caliente en el estomago. La camarera sonrió al vernos entrar, alegrandose seguramente por ver algún rostro conocido entre tanto desconocido. Nos sentamos al fondo, en la única mesa vacía que quedaba, y mientras Mario utilizaba su iPad para rastrear la red, yo me dediqué a ojear las páginas de esta recién adquirida novela, y que resultaron ser realmente interesantes.


Vista previa
Photo by Rafa
En el breve espacio de tiempo que transcurrió desde que le di el primer bocado a una extracalórica amburguesa, hasta que pude leer el futuro en el poso del café depositado en el fondo de una taza, ya había vislumbrado la épica que emergía de esta novela.


Intuí las feroces batallas entabladas para conquistar murallas milenarias. Creí ver como las páginas, una tras otra, se iban tiñendo con la sangre de guerreros grises. Me pareció percivir la brisa marina cargada con de salitre que salpicaba las caras de los supervivientes que huían para salvar la piel, con destino a tierras desconocidas.


Todos esto y más me esperaba tras la lectura de esta fantástica novela...

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