jueves, 6 de enero de 2011

POR ESO, SEGURAMENTE, ESTAMOS COMO ESTAMOS. Parte primera.





La vida no había sido nada fácil para Dorian. Desde su más tierna infancia, experimentó en carne propia las crueles y voraces mordeduras del hambre, y las insoportables caricias del dolor más atroz que la mente humana haya podido jamás imaginar, por lo que, la pena y el sufrimiento fueron siempre sus eternos e inseparables compañeros de viaje, junto al desprecio infinito que la humanidad solía regalarle día sí, día también. Buenas razones, sin duda, para odiar al mundo y a los parásitos bípedos que lo habitaban, los mal llamados humanos.

La Naturaleza, la Vida, Dios o quien coño sea, a veces se ceba de forma despiadada con alguna de sus frágiles criaturas, quien sabe con que intenciones, quizá para probar la resistencia de su obra, o la maleabilidad ante la presión, o el aguante frente a la corrosión y el deterioro físico y mental. Posiblemente quiera constatar la fragilidad que sufren ante el desaliento y la soledad, o quizá quiera conocer, de primera mano, cual es el limite en el que la mente humana se colapsa, se transforma y deja de ser humana para convertirse en algo diferente… algo inhumano que, tras alcanzar un nivel tal de vejaciones, humillaciones y desprecio consigue hacer emerger un ser maligno, una bestia abominable engendrada por el odio y la ignorancia, con un alma de destino incierto. Experimentos peligrosos en manos de poderes caprichosos.


Dorian, a lo largo de su amarga existencia, fue acumulando rencor y odio a partes iguales, mientras en algún rincón oscuro y tenebroso de su alma iba gestándose un cáncer incansable y maligno que crecía alimentándose vorazmente del mal que el mundo reflejaba constantemente sobre él. Su deformidad física no era, sólo, la causa del rechazo visceral por el que las personas lo repudiaban, había algo más en él, una sensación extraña que se adhería tenazmente al alma de todos aquellos que, valientes o entupidos, se atrevían a acercarse lo suficiente para sentir la oscura y sobrenatural energía negativa que éste les transmitía, y que hacia saltar todas las alarmas genéticas humanas, activando un oculto sexto sentido primitivo, reminiscencia de un pasado salvaje, de una época vivida en los albores del tiempo, una cualidad intuitiva primigenia que el desarrollo evolutivo humano no había conseguido extinguir del todo, y que de vez en cuando, y ante un estimulo lo suficientemente fuerte, afloraba a la superficie para advertirnos de que un peligro mas allá de toda lógica permanecía oculto a la vista inquisitoria del raciocinio humano. Quizás no seamos, todavía, seres tan sapiens como pensamos… quien sabe.


Hasta donde se conoce y se tiene registro, la terrible historia de Dorian se remonta al día mismo de su nacimiento, ya que de sus padres no hay referencia alguna en ninguna parte.

La noche se presentaba tranquila y sosegada en el viejo hospital de las monjas benedictinas de San Genaro, la ronda de medianoche había transcurrido sin mayores incidencias, y las pocas hermanas que permanecían en el turno de noche se habían retirado a descansar, o se dedicaban a rezar sus salmos nocturnos en la antigua capilla. Cuentan, que la vieja y destartalada campana de la entrada sonó nítida y metálica varias veces, rompiendo el silencio de la noche, y despertando a la mayoría de las monjas de sus sagrados sueños, o de sus diabólicas pesadillas, según los pecados de cada una. Muchas, bajaron extrañadas a ver que pasaba, ya que sabían que desde hacia al menos veinte años la pequeña y deteriorada campana, situada en la entrada principal, no emitía más sonido que un quejumbroso y tenue repiqueteo oxidado. Dicen, que al abrir el portal de entrada se encontraron a una mujer sola y medio muerta que, postrada sobre un charco de agua y sangre, estaba a punto de dar a luz. Como pudieron, trataron de acomodarla en un paritorio, e intentaron salvarle la vida, pero todo fue inútil, la pobre mujer falleció allí mismo, dejando este mundo entre horrendos alaridos de dolor e ininteligibles blasfemias, expresadas en un idioma desconocido, al menos para las monjas. El cuerpo inerte de la desconocida permanecía estirado sobre un ensangrentado camastro, mientras las monjas rezaban por el alma de la difunta, pero en su interior aun palpitaba una vida, un ser en su interior luchaba por sobrevivir, y, desgraciadamente, sin la ayuda de alguien que lo trajese al mundo, no vería la luz de un nuevo día, pero por suerte, o no, esas pobres monjas estaban allí, preparadas, y puede que si hubiesen sabido por un instante el engendro que escondía el vientre inerte del todavía caliente cadáver, quizá se lo hubiesen pensado dos veces. Pero no lo hicieron, y poniéndose manos a la obra le practicaron una cesárea, y del vientre materno surgió un ser de pesadilla, un alma maldita destinada a vagar eternamente entre las sombras de los hombres sin poder llegar a ser nunca uno de ellos, aunque él, en muchos momentos de su miserable existencia, llegó a considerarse un hombre de pleno derecho, con sus propios defectos, sí, pero humano al fin y al cabo. Son, sin duda, esos misterios insondables de la caprichosa naturaleza.


Dorian era un ser frágil, callado y misterioso. De piel extremadamente blanca, y cabello claro, casi cristalino. Podía haber pasado perfectamente, según los cánones bíblicos, por un ser angelical, sino fuese por un pequeño detalle: la blancura terrorífica de sus ojos, unos ojos sin pupila ni iris, dotados de una mirada vacía y angustiosa que delataba su procedencia diabólica, y que le permitían ver el mundo tal como era realmente… oscuro, tenebroso y caótico, poblado por infinidad de almas en pena con corazones podridos repletos de odio y temor. Por eso, dicen, nadie conseguía mantener mucho tiempo su mirada, por temor o por miedo, ya que ésta, desnudaba la esencia maligna de los seres humanos.


Las monjas horrorizadas no consintieron que el engendro permaneciese mucho tiempo junto a ellas en el hospital, y lo entregaron finalmente a un orfanato cercano, dando así inicio a la terrorífica leyenda de Dorian, el Devorador de Almas.


La primera noticia que me llegó de la existencia de la leyenda del Devorador de Almas fue de mi abuelo paterno, un viejo y loco cascarrabias al que nadie tomaba en serio, pero que a mi y a mis primos nos fascinaba, sobre todo cuando nos contaba fantásticas y delirantes historias que, decía, había escuchado en sus largos e interminables viajes a través del mundo y sus peligrosos y bellos mares y océanos, gracias a su profesión de marino mercante. Muchos veranos, durante mi infancia, los pasé escuchando sus locas y entretenidas historias, y de todas ellas la que más me impactó fue la del Devorador de Almas, un ser de ojos terribles, blancos y fríos como el hielo, que con una simple mirada podía penetrar en lo más profundo de los seres y arrebatar de sus almas lo poco de bueno y puro que éstas albergaban, dejando cuerpos vacíos de todo sentimiento de bondad y alegría, y que se llenaban rápidamente de lo peor de cada uno, la parte más animal y malvada del ser humano afloraba, dando rienda suelta a todo el odio, la depravación y la maldad que los humanos son capaces de generar consciente o inconscientemente. De esta manera el Devorador de Almas absorbía todo lo bueno y puro de las personas, para, tal vez, se preguntaba mi abuelo, ganarse un sitio en el paraíso, previo pago en especias, o quizá fuese simplemente el deseo malvado de traer el infierno a la tierra, transformando a los seres humanos en demonios, o en viles y esperpénticos moradores del inframundo, eso no me quedó muy claro de pequeño, y ahora de grande menos.


Recuerdo perfectamente la segunda vez que tuve conocimiento del escalofriante personaje: fue hace varios meses, y ya habían transcurrido más de veinte años desde que mi abuelo, al amparo de la luz de la luna, en las calurosas noches veraniegas de mi infancia, se entretenía asustándome con sus fantásticas historias.

Estaba preparándome una escasa y ligera cena mientras miraba, como de costumbre, el noticiario de la noche, las imágenes se sucedían vertiginosas tras el cristal pixelado de la pantalla del televisor, y de repente, la imagen se congeló, igual que mi alma, manteniendo la instantánea de un rostro inquietante, aterrador, maligno. Un espectro casi olvidado aparecía de nuevo en mi vida, y esta vez en carne y hueso. La imagen no daba lugar a dudas, el Devorador de Almas caminaba de nuevo entre nosotros fagocitando lo mejor de las almas a las que ponía la vista encima, y dejando toda la maldad inherente en las personas, habitando carcasas vacías, consumidas por el odio y el dolor, por eso, seguramente, el planeta está como está, y no de otra manera…

… pero esa es otra historia.




Por Rapanuy.

16 comentarios:

Marián dijo...

Precioso relato, Rapanuy, me ha recordado a El perfume...pero esa era otra historia...las incapacidades físicas...parece como si el mismo Diablo quisiera enmendar el engendro divino para vengarse de Dios.

Interesantísimo lo que planteas. El mal nos posee ¿somos inocentes?...

Un beso.

La susodicha dijo...

Me gusto, mucho. Solo opino que, el ser caprichoso que se ensaña en demasiá se pudiera ir como a un pozo de mierda. XD
A mi Dorian no me da pena, me suscita una lastima infinita...
Socialmente, todos los despropósitos de ese ser beodo y pelin sádico, debieran ser corregidos por esquemas sociales.... para que no cayeran tantos en las oscuras fauces del dolor y el abandono, donde la desesperación abre las puertas de los infiernos personales.

En fin... que bonito dia.
Un besote, sin florituras... :P

@reku (Alexandre Ríos) dijo...

Me gusta el relato, pero me he quedado como al final de una película con final sin terminar, para otra parte xD.
Esperemos que no tarde mucho en salir, je je.
Un saludo.
http://areku-desingblog.blogspot.com

Mario dijo...

Madre mía, la foto tiene cojones, eh. Joder, qué miedo. Y ya sabes que soy muy miedica y esas cosas. Vamos, como para leerte a la luz de un candelabro, la virgen...

Del texto, decirte que a veces me das una impresión, a veces me impresionas, a veces me dejas turulato, o algo así. Y lo digo porque en este texto habitado por extrañas criaturas (las monjas) transitado por el todopoderoso (no F. Alonso) y dotado de un aparato de destrucción emocional (No Roco ni Nacho Vidal ni ninguno de nuestros amigos de armas tomar), no he dejado de ver la mano alargada que mece la cuna lírica de Saramago. Vamos a explicarnos. Saramago en sus incursiones bíblicas, en sus ciegos ensayos sobre caínes y abeles y, sobretodo, en sus biblias retóricas, también hablaba como tú, o decía lo que tú quieres decir. Pero claro, lo hizo siempre más sutil, menos hiriente, menos conmovedor, algunas veces, también.
Así que si uno de sus días grises se hubiera tornado literatura, hubiera puesto el grito en el cielo y la palabra en el folio y hubiera creado un alegato contra Dios y sus creaciones y sus criaturas y sus fallos que provocaron la fecha de caducidad para esta especie en la que nos hemos convertido, según los que creen. No es nuestro caso, ni lo fue, tampoco, de don José el portugués. Pero sí es verdad, que si un día de esos llega a levantarse con el pie izquierdo y cagándose en to lo que se menea, y se hubiera atrevido, seguro nos hubiera obsequiado con un relato para pasar el rato (ahí es na) y cagarnos de miedo, un miedo Nobel, ya ves... como el que arrecia de las nubes negras y de las fotos oscuras de tus textos.

Bueno, voy a tomar un café. A pensar que debería escribir algo. A desechar esa idea casi en seguida porque los reyes me han traído amén de carbón como para doscientas barbacoas de caramelos, un montón y medio de libros. Y ahí están, esperándome... ay...

Bueno, otra vez, lo dicho, que nos vemos casi ya y compartimos unas risas, unos cafés, y nos ponemos al día y a la noche.

Hala, hasta después.

Mario

Ah, felicidades por el texto... pero otro día me pones otra foto, anda... así como menos poltergeist. (Con la de fotos que acumulamos en nuestros discos duros, durísimos... Fotos de fenómenos paranormales, entiéndeme...) y me pones esa que aún me da canguele... Joder.

Rapanuy dijo...

Marián… Lo que semos inocentes, pues va a ser que no, por mucho que nos posea el mal, y aunque nos joda no ser tan buenos como pensamos. Lo de enmendar el engendro tiene su punto… puede que sea la clave, no sé, sólo puede.

Un beso.


La susodicha… pues va a ser que sí, que hace un bonito día.

Besote al canto.



@reku… sí, puede que necesite una trilogía.

Saludos.

Anónimo dijo...

Ese tío parece idiota, NO? idiota, tiene una especie de mimetismo con sus propias palabras, ni creo que nadie le haya hecho cree que eso es literatura.

Tú y Saramago, soberbios, conste. Y pediría al comentarista anterior un poco más de respeto para el Premio Nobel.
Ese tío parece idiota, NO? tiene una especie de mimetismo con sus propias palabras, ni creo que nadie le haya hecho cree que eso es literatura.
Un saludo.

Rapanuy dijo...

Mario… mi muy querido y apreciado amigo, ya deberías saber que las comparaciones suelen ser odiosas, y no lo digo por Saramago, ¡sino por esas dos piltrafillas pornostars de carne en barra, elevadas a la cúspide mediática gracias a sus enormes capacidades intelectuales y a sus inigualables dotes de interpretación! ;)

Y no acabo de entender porque te asustas tanto de la imagen, si es simplemente una de las muchas fotos que tengo de cuando me levanto por las mañanas y me miro al espejo, y si mi mujer lo soporta, tu deberías tener un poco más de estomago, y no me digas lo de que las mujeres están hechas de una pasta especial porque no me lo trago… ¡joder este mundo ya no es lo que era!

Nos vemos café en mano.



Anonimo… quizás tengas razón, o no, pero intenta no faltar-les, que me asustas la clientela, y para cuatro gatos que me comentan… pues eso. :)

Saludos.

Marián dijo...

Rapanuy: No deberías dar cuartelillo a los anónimos. A mi eso me parece gente cobarde, o quizás sea una chiquillada, no le veo yo mucha coherencia a ese comentario.

Y en cuanto a los que venimos aquí,somos pocos pero valemos mucho ¿o no?
Besos para todos.

P.D.Conque cuatro gatos, eh? jajajaja. Ya te vale.

Susi DelaTorre dijo...

Un relato inspirador, con esa mirada blanquecina y tenebrosa.
Ya quisiera yo que hubieras incluído la historia "otra" que haces mención, Rapanuy!

Esperaré sin morderme las uñas, ¡pero llena de emoción!

Saludos desde la costa Atlántica.

Rapanuy dijo...

Marián… hay mucha gente anónima que se pasea por los blogs y los lee. Algunos comentan y otros no, y seguro que los hay cobardes y valerosos, altos y bajos, guapos y menos guapos, listos y tontos del culo, coherentes e incongruentes, pero a mí todo eso me da, francamente, igual, siempre que respete a los demás.

¡Ah! Y ahora que cuento mejor, me parece que somos cinco por lo menos. ;)



Susi… la “otra” está al caer.

Un saludo mediterráneo.

obiwan1977 dijo...

Inquietante y, sobre todo, muy bien escrito. Engancha de principio a fin. Enhorabuena.

Me atrevo a sugerirte que eches un vistazo a mi post de hoy en el que hablo de Ediciones de La Discreta, una pequeña editorial en la que colaboro asiduamente que creo que te puede interesar. Si es así, me encantaría que lo difundieras entre tus lectores o amigos.

Muchas gracias de antemano y te sigo leyendo.

Asolada dijo...

Ombligo, yo tampoco tengo un iPhone, pero ya ves; en cuanto el mundo ha decidido vomitarme a la superficie, he venido para adentrarme en tu mundo de fantasías.

Tú y Mario estáis muy misteriosos últimamente ;)

Abrazox, todos los que te debía.

Gitana ♥ dijo...

ES hermoso lo que leo . Te sigo ... Un beso :)

La Perfida Canalla dijo...

La historia me ha gustado...buff...pero la foto...madre mia no se si superare esa foto...
Un saludo coleguita

Igor dijo...

Pues se me había pasado, pero esta historia ya te la había leído, quizás se borró el comentario.
Hay como un horror indefinido en tu personaje, como esas historias de Lovecraft de las que no sabes porque exactamente te parecen tan terroríficas.

Y a ver si te animas, que no se te ve el pelo ni el lápiz.
Saludos.

Rapanuy dijo...

ASOLADA, ¡buf ¡como pasa en tiempo ombliga, últimamente creo que la velocidad de la luz es una mena alcanzable. Dicen que el misterio suele dar mucho juego. Ya sabes que me encanta que te adentres en mi mundo de fantasías.

Un abrazo.


GITANA, gracias por llegar, me acercaré a leerte.

Otro beso.


LA PÉRFIDA CANALLA, no te asustes por esa foto, hay cosas que dan mucho más miedo, como la abominación llamada Crisis o el monstruo llamado Paro, o su hermano gemelo el Desempleo, eso sí que me pone los pelos de punta. :)

Un saludo.


IGOR, tienes razón llevo un tiempo despistado, distraído, casi ausente, pero ya va siendo hora de ponerme de nuevo las pilas.

Un saludo.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails