viernes, 26 de febrero de 2010

EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES, O MÁS.



Dante odiaba el frió, ese jodido e inmisericorde frió que se instalaba dentro de uno sin permiso, hereje, intruso indeseado, y permanecía allí enquistado, doloroso, recordándote continuamente el hecho de ser una piltrafa andante, un montón de carne con extensiones nerviosas, tremendamente sensible a los cambios bruscos de temperatura. Pero la vida humana tiene esas pequeñas imperfecciones, había que convivir con ello de la mejor manera posible e indudablemente el hecho de conocer las limitaciones de su frágil organismo no le consolaba lo más mínimo, y menos cuando sentía los músculos agarrotados y entumecidos debido al tremendo esfuerzo, amén de que seguía teniendo un frío de cojones.

A lo lejos una luz tintineaba levemente a través de las tenues nubes que un vacilante y tímido viento empujaba desganado. A veces, la luz que le guiaba orientándole en su agotador ascenso desaparecía completamente y Dante se detenía un instante. Angustiado escuchaba su propio jadeo, notando su frenético pulso clamar por un descanso para que el aire pudiese entrar libremente en sus pulmones y distribuir el preciado oxigeno a todos los rincones de su cuerpo que, enloquecido, demandaba un leve y gratificante descanso, cosa que desgraciadamente no podía permitirse. Rodeado de la más absoluta oscuridad esperaba, ansioso y crispado, que las nubes continuaran su vaporoso viaje por el firmamento y le dejasen ver de nuevo la luz salvadora que le indicaba la dirección correcta a seguir en su inhumana ascensión por el escarpado paraje.

─ ¡Mierda, no veo un pijo! ─ Exclamó entre dientes, mientras resoplaba como un cerdo asmático.

La ascensión se había tornado agónica y más de una vez resbaló rodando ladera abajo, desandando el camino y llevándose más de un doloroso y humillante porrazo que le llenó el cuerpo de magulladuras y contusiones.

Cuanto ansiaba notar de nuevo entre sus piernas a su querida y deseada Bety. Le dolía en el alma, y en otras muchas partes de su cuerpo, haber tenido que dejarla allí abajo, sola y desconsolada, expuesta al gélido viento y a la penumbra mortecina de una triste farola, que, al menos, impedía que la oscuridad se la tragase completamente.

Ensimismado en sus pensamientos Dante había conseguido recorrer la distancia que le separaba de la luz que hacia las veces de guía y salvavidas momentáneo. Apartó las ramas de un arbusto de un manotazo y noto como el terreno inclinado se allanaba. Se detuvo exhausto y sin aliento, inhaló un aire terriblemente frío que al entrar en sus pulmones le quemó por dentro, haciéndole toser.

─ ¡Joder, con la puta cuesta de los cojones, ya no estoy para estos trotes!─ Escupió entre bocanada y bocanada, mientras se acercaba a la luz que le había servido de faro durante su interminable ascensión, y que resulto ser un viejo candil de aceite que colgaba de un garfio en la entrada de un vetusto y destartalado caserón.

Dante ascendió los escasos escalones que le separaban de la puerta de entrada, y aporreó cansadamente la agrietada y maltrecha puerta. Le contestó el silencio. Llamó de nuevo golpeando esta vez con furia, y de nuevo el silencio fue la respuesta.

─ ¡Hola, hay alguien ahí! ─ Grito, desesperado. Más silencio.

─ No me jodas que ahora no hay nadie, con la paliza que me he pegado ─ se dijo a si mismo en voz alta.

Dante permaneció sentado un buen rato en el borde de los escalones, sopesando sus alternativas, mientras se recuperaba de la agotadora ascensión que había iniciado hacia una hora desde las cuatro casa que formaban el pueblo hasta la vivienda del cabrero, situada en lo mas alto de los riscos de este macizo montañoso.

Desmoralizado, bajó lentamente los escalones y se dispuso a iniciar el descenso hacia el pueblo. La idea de tener que volver otro día por estos parajes le hizo estremecerse, y recordando una de sus películas favoritas “el cartero siempre llama dos veces” se giró rápidamente y saltando por encima de los podridos escalones se planto de nuevo frente a la carcomida puerta que comenzó a aporrear con inusitada rabia. Volaban puñetazos y patadas sobre la roída puerta, incluso, llevado por un ataque de furia realizó un intento de echar la puerta abajo, y por suerte, pese a la violencia de la envestida la vieja puerta aguantó firme.

En ese instante se oyó a lo lejos una voz:

─ ¡Quia, julandrón, serás plumífero, que me vas a hundir la choooza… cago en to lo que se menea! ─ gritaba enfurecido Pedro el cabrero blandiendo amenazadoramente una hoz en una mano y sosteniendo en la otra un conejo fiambre que se balanceaba desnucado de un lado a otro en un baile macabro de muerte y gula.

─ Que barruntas so mendrugo, no ves que estoy despachando las viandas pa la cena ─ soltó el cabrero, con el rostro descompuesto, mientras se acercaba encolerizado.

─ Usted perdone, buen hombre, pero es que vengo desde el pueblo y esta maldita cuesta ha conseguido que el oxigeno no me llegue al cerebro. Me presentaré, soy Dante Fonseca el nuevo cartero.

─ ¿Y el Paco? ─ gruño Pedro.

─ Si se refiere al antiguo cartero, lo único que sé es que desapareció de la noche a la mañana sin dejar rastro y que al cabo de tres meses una de sus hermanas recibió una postal desde Cuba, en la que escribía que había llegado al paraíso y que no lo sacarían de allí ni con aguarrás.

─ ¡Maldito bribón! Siempre decía que un día atravesaría el mar para perderse entre cocoteros y rollizas mulatas. Al final lo hizo. Yo, si no fuese marinero de agua dulce vadearia el Ponto y disfrutaría mis últimos días de las churris y el Lorenzo en alguna de esas islas paradisíacas. ¿Pero entonces quien cuidaría de mis animalejos, eh?

─ Misterios insondables de la existencia ─ le comentó Dante al cabrero, que asintió compungido, y dándole la espalda se dirigió hacia el corral a seguir con sus asuntos.

─ Perdone pero le traigo una carta y lleva matasellos de cuba… no será por casualidad de su amigo Paco.

─ No lo sé, ni me importa, es tarde y tengo mucha faena ─ farfulló Pedro en tono cansino.

─ ¡Pero no le interesa saber lo que dice! ─ insistió Dante.

─ Parece usted más interesado que yo. Le increpo el cabrero, mientras se ponía a despellejar al desnucado conejo.

─ Hombre algo de curiosidad si que tengo ─ dijo el cartero.

─ Pues la curiosidad mato al gato, o sea que ya puede echar la carta por debajo de la puerta y largarse por donde ha venido.

Envuelto en un extraño desasosiego Dante se encamino mosqueado cuesta abajo hacia el pueblo, tenía ganas de sentarse sobre su querida moto que tantas alegrías le daba y alejarse lo antes posible de aquel rincón perdido de la profunda Iberia.

13 comentarios:

Lasosita dijo...

Siempre sorprendiendo... y arrancando alguna sonrisa...

Y para mis adentros, decido que tengo que hacer un hueco a ése clásico reconvertido. Tremendamente inspirador...


Te he dicho que me gustado?
y mucho?
Pues eso...

¡Buen fin de semana, Rapanuy!

POLIDORI dijo...

Pero como me has llevado al huerto.

A veces es cierto que llaman muchas veces, pero creo que en este caso, al menos, le ha servido para lo mismo.





John W.

Elektra dijo...

Vengo de otro blog y es que me tengo que reiterar. Intuyo la mala hostia en todas partes.
En cuanto a la curiosidad creo que es relativo. A veces decimos que algo nos hace sentir curiosidad y, más bien, existe una especie de necesidad por saber.

Buena historia, ombligo.

Y una carta debajo de tu puerta :)

Mario dijo...

Rafa, lo mejor ha sido lo del diálogo. Lo segundo mejor, el resto.
No sé por qué, me quedo con este relato. O vamos, lo sumaré al anterior... No quiero ningún orden de preferencia. Ya se sabe, el orden de los relatos (bueno) no altera el producto narrado...

Acuérdate, café a las cinco y cuarto en punto, en punto...

Hasta luego...

Marián dijo...

Un cartero curioso y una carta por debajo de la puerta...ummm...mala ecuación.

El frío congela las neuronas, y no sé yo si hay muchos cabreros que se coman muchos conejos...y carteros que le den...tantos placeres la moto (la Bety)...aunque para ponerse como una moto no hay nada como el aire fresco en la cara y tener donde agarrarse...A mi me pasa....

Uff...qué hora es?...

rapanuy dijo...

Lasosita, si te ha gustado, te ha sorprendido y has sonreído, no necesito más… ya puedo diñarla tranquilo.

Saludos.
(Lo de diñarla es un supuesto teórico… todo se andará)


Polidori, si te llevo alguna vez al huerto será para robar melones, fuera suspicacias. :)

Siempre es mejor insistir que desistir.

Saludos.



Elektra, no es intuición, es la realidad pura y dura, pero no nos dejemos arrastrar por esta inercia… riámonos del mundo mientras podamos.

Esa necesidad de saber en los líos en los que nos mete, ya nos vale, a veces iría bien vivir en la ignorancia, o si más no ignorar.

Carta con acuso de recibo. ;)



Mario, te juro por las púas de Espinete que la historia empezó siendo sobre Heidi y Marco subiendo a visitar a su abuelo a la montaña, pero no sé por qué extraña razón Heidi se torno Cartero y Pedro se quedo cabrero y el abuelo se acabo yendo a cuba.
Es un misterio para Iker Jiménez.

Y dilo ya, di realmente que el orden no altera el subproducto…eh. :)

Me acuerdo… de que ayer pague yo.



Marián, curioso es poco.
Lo de comer conejos en un contexto de: tantos placeres, ponerse como una moto, tener donde agarrarse y que le den a los carteros, mejor no menearlo a menos que a uno le gusten los cócteles.

Saludos sin horario.

Mercedes dijo...

Tu interesante relato confirma mis sospechas: siempre ha sido mejor ser cartera que cartero.

Un saludo!

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


TE SIGO TU BLOG




CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
EL BLOG DE RAPANUY

ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE LOVE STORY, CABALLO, LA CONQUISTA DE AMERICA CRISOL.

José
ramón...

Igor dijo...

Mala leche sí que tiene.
Me he reído con la subidita. Y el total desinterés por todo del caballero. De él debo aprender.

jordim dijo...

Si señor, buenos personajes; me gustaría leer la versión de Pedro y heidi.

@reku (Alexandre Ríos) dijo...

Hola.

Te he dejado una invitación a un juego cinéfilo en mi blog.

http://areku-desingblog.blogspot.com

Saludos.

Silvia dijo...

Gracias por la maestría literaria que he disfrutado en esta hora de reposo...Me has robado más de una sonrisa.
Gracias también por seguir mi blog y poder así conocer yo el tuyo. Te sigo.
Saludos

Manuel Maria Torres Rojas dijo...

¡GASAS DE LUTO POR CUANTAS VIDAS HAN MUERTO!, ME DIJO GÓNGORA AL OÍDO...
DE VIRGO A VIRGO ( con perdón ): ME HA GUSTADO TU ESCRITURA ¡CONSTE EN ACTA!

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails