lunes, 18 de enero de 2010

UN MUNDO LLAMADO SALVACIÓN





Un abrasador sol de justicia hunde sus afiladas garras en la martirizada piel de unos pocos parias, empujados al destierro, en el rincón más indolente de este universo paralelo, descubierto por casualidad hace décadas y utilizado como infierno privado de la elite corrupta que domina y tiraniza al pueblo, aborregado, al que pertenezco.


Durante años nos vimos arrastrados por la corriente ideológica dominante, el ideal del buen ciudadano había calado hondo en el inconsciente colectivo y la vida monótona, obediente, disciplinada, llena de consumismo compulsivo imperaba por doquier. Los disidentes, extrañamente, habían ido poco a poco desapareciendo de la faz del idealizado planeta. Tristemente el gris había teñido la vida de las personas hasta despojarlas de voluntad propia y de un mínimo de objetividad hacia lo que sucedía a su alrededor.

Aquella noche un accidente desequilibró el orden de las cosas, y el mundo en el que vivía se hundió, enterrando una placida y decadente existencia, viéndome empujado hacia un destino incierto pero inquietantemente vivo.


El tren que nos trasladaba todas las noches a casa, después de finalizar la jornada de trabajo, había sufrido una avería, y la siempre eficaz compañía puso a disposición de los viajeros varios autocares para poder realizar el trayecto por carretera. Allí iba yo, sentado en la parte trasera del autobús, retornando a mi tranquila y apacible vida rancia e insustancial, cuando, de repente una de las ruedas del transporte reventó e hizo que el autobús diese varias vueltas de campana antes de quedar volcado en medio de la carretera. Por un instante perdí el conocimiento y al despertar anduve desorientado durante un buen rato hasta que al final caí desmallado en algún lugar lejos del accidente.


La onírica sensación del olor a mar, sumado al sonido de las olas rompiendo contra la playa y el tacto de la arena mojada sobre mi piel me hizo despertar aturdido y extrañamente sorprendido. Hacia años, muchos años que no experimentaba la sensación tan gratificante de un amanecer con el océano de fondo.


Durante horas permanecí allí sentado, sobre la arena de la playa, contemplando como el sol iniciaba su ascenso por el firmamento y lentamente se colocaba sobre mí, alcanzando el cenit, entonces inexplicablemente algo dentro de mí se cortocircuitó. La monotonía, la obediencia ciega, la sumisión, el vasallaje, habían dejado de tener sentido. Formar parte de esa sociedad compuesta por seres sin alma se me antojaba siniestro, aterrador, el individuo había dejado de ser singular para transformarse en una célula del engranaje, una pieza de un puzzle manipulado por alimañas, por vampiros ávidos de sangre, deseosos de alimentarse de los sufrimientos ajenos, demonios insaciables, sin empatía, ni remordimientos, sin sentimientos, simples carroñeros.


Una ola de furia se gestó en mi interior pugnando por salir e inundarlo todo, finalmente grité, con todas mis fuerzas grité, y me cagué en todo lo cagable y más, hasta quedar exhausto, toda la rabia acumulada salio de sopetón, dejando tal vació en mi interior, que decidí desde ese mismo instante que solo lo llenaría con los gritos de liberación personal de otros, que como yo, descubriesen que la vida es algo distinto de lo que nos han impreso en el subconsciente.


Los días se sucedían entre asambleas clandestinas y mítines subrepticios en los que intentábamos desadoctrinar al mayor número de personas posible, haciéndoles entender que el sistema nos utilizaba, nos manipulaba, dogmatizándonos, para acabar convirtiéndonos en siervos sumisos, dóciles, manejables y creando una casta deshumanizada que se alejaba lentamente del principio supremo, la ley fundamental no escrita: el libre albedrío.


La rebelión no duró demasiado, los largos tentáculos del sistema se extendían, pegajosos, por los rincones más putrefactos del alma humana, y rápidamente fuimos delatados y entregados a la justicia, que, aunque corrupta, se mantenía asquerosamente eficaz. La sentencia fue rápida y terriblemente cruel: destierro eterno, ― ¡cago en to!

Al cruzar el portal que separaba ambos mundos recibimos dos advertencias:

La primera fue, “cuando sobrepaséis el umbral del pórtico dejareis de ser habitantes de este mundo y adquiriréis el dudoso honor de ser parias en un nuevo planeta”.

Y la segunda me sonó ha sentencia de muerte, “encontrareis agua si camináis en dirección a la puesta de sol, ¡pero ahora no recuerdo hacia cual de ellos!”.

¡Malditos soles!
Llevamos más de tres días caminando por este desierto abrasador, alumbrado por una estrella binaria que mantiene el planeta en un interminable día de más de treinta y seis horas y acorta la noche a tan solo tres horas. Es lo más parecido al infierno que uno se pueda imaginar. La duda ante que camino debíamos tomar nos obligó a separarnos y formar dos grupos de desterrados en pos del agua de la vida. Al menos, de esta manera, cabía la posibilidad de que la mitad de nosotros encontrara el tan ansiado líquido vital.


Ya comenzaba a perder toda esperanza de localizar el agua, y notaba como las fuerzas comenzaban a abandonarme. Hacia horas que sufría serias alucinaciones. Del grupo de cinco que iniciamos la aventura solo quedábamos tres, que caminábamos arrastrados por alguna extraña inercia, quizás fuese el instinto de supervivencia, o tal vez, el poeta tenía razón cuando escribió lo de: ¨ manejado por el odio, consumido por el miedo, enterrada la esperanza, la venganza florece a los pies del desterrado ¨.


La venganza se antoja una quimera mientras permanezcamos en este mundo al que hemos sido arrojados por disentir del orden establecido y exigir un mínimo de dignidad humana, por eso, hemos decidido llamar a este mundo infernal Salvación, ya que, si por casualidades del destino conseguimos salvarnos, la venganza quedara marcada a sangre y fuego en nuestros corazones y sellará nuestros destinos.

¡Huelo el agua cercana! Siento arder el odio en mi interior. Temblad sucios bastardos, temblad, pues la hora de la venganza se acerca.

8 comentarios:

@reku (Alexandre Ríos) dijo...

Buen relato. Rebeldía¡¡ xD

Un saludo.

http://areku-desingblog.blogspot.com

POLIDORI dijo...

Este relato es de los que cargan las pilas a tope.

Si así no se consiguen fuerzas para salir de lo que sea...




John W.

Mario dijo...

Ahí le has "dao". Menos mal que tú y yo sabemos donde está el mejor café. En eso sí que estamos adoctrinados, madre mía.

Me ha gustado el relato, pero como casi siempre, luego aumento mis buenas impresiones. Eso sí, café en mano, faltaría más.

Lo de los bastardos, al final, lo de la sumisión, en medio y el viaje inicial en tren y autobús, no tiene desperdicio.

Hasta luego. O después de luego...

Mario

Marián dijo...

A Dostoievski también le daban esos ataques de rebeldía..lo mismito que a ese superviviente del autobús.
Lo que pasa es que siempre hay que volver al redil... Y Dosto lo hacía cuando le apretaban las deudas contraidas por el juego.

Todos soñamos con romper cadenas...pero esto es Matrix.

(aquí una nueva seguidora, me gusta su estilo)

rapanuy dijo...

@reku, de vez en cuando hay que rebelarse con o sin causa.

Otro saludo.

Polidori, la energía de la imaginación es de las más poderosas. Muchos dirán que también la del amor, el odio, la ilusión, el plutonio, pero yo prefiero la energía que da la venganza. :)


Mario, que fácil es dejarse adoctrinar cuando la dicha es buena, que dijo aquél, o el otro, no sé, la verdad es que el mejor café está por tomar.

Mejor después ok.


Marián, lo que pasa es que tira demasiado el redil, incluso para los que no jugamos… mucho.
Si esto es Matrix yo quiero ser el Oráculo y poder ver el futuro.

(Encantado)

Elektra dijo...

¿Cómo no iba a estar el mar presente en tus cuentos fantasticamente fantásticos? Que es un placer leerte y perderme en la magia de tus historias, mientras que yo, sí escucho el mar de fondo.

Besos de salitre, por aquello de las olas, jaja.

rapanuy dijo...

Igual tienes razón Elektra, y puede que en alguna vida anterior el mar dejase una profunda huella en mi desaliñada alma, y que ésta, sin querer, se vea arrastrada inconscientemente por una marea creativa ajena a los deseos del narrador. ¡Joder que bien me ha quedado! podría servir para un anuncio de desodorante o de champú.

Que suerte tienes al escuchar de cerca el mar y poder dar esos besos tan salados. :)

Mercedes dijo...

Sí a la rebelión, sí a la salvación, y sí a la lectura de tu fantástico-relato-fantástico!

Gracias por haber pasado por mi blog y por tu comentario. Un saludo, y hasta muy pronto!

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