domingo, 27 de diciembre de 2009

EL ACANTILADO DEL MUERTO


León vivía dos vidas, una de anhelos y otra de realidades. Su vida transcurría entre la obligación del trabajo y su pasión por el mar.
Durante la semana León trabajaba en los viejos astilleros de la empresa Romanof, ubicada en la pequeña localidad costera de San Genaro.

La crisis económica que arrasaba la nación había hecho estragos también en la empresa familiar, y estos agobiados por las deudas se habían visto obligados a ceder parte de sus acciones a una multinacional naviera que, en cuanto pudo, desmantelo lo poco que quedaba de ésta, dejando tan solo un esqueleto moribundo de lo que antes fue una floreciente y orgullosa empresa.

Los fines de semana León los pasaba refugiado en el antiguo y decrepito faro, situado en lo más alto del acantilado del muerto. Durante generaciones llamaron a éste, el faro del muerto, y aunque León se preocupo de preguntar a la mayoría de los ancianos del pueblo, quien era el muerto que le dio nombre al acantilado, nadie supo nunca darle una contestación satisfactoria. O quizás, como pasa en muchos otros lugares de tradiciones arraigadas en el subconsciente colectivo, preferían mantener alejados los malos recuerdos y las vivencias sobrecogedoras.

Lo cierto es que la mayoría de los habitantes de los alrededores evitaban en la medida de lo posible pasar cerca del faro y sobretodo cuando se avecinaban nubes negras amenazando tormenta.

Aquel fatídico día, si alguien hubiese sabido leer las señales que se encadenaron, una detrás de otra, quizás y solo quizás, la tragedia se podría haber evitado. Aunque la concatenación de circunstancias se alinearon en una sinfonía macabra de despropósitos y trágicos errores, que desembocaron inexorablemente en una de las historias más horribles que se recuerdan en la zona.

Cada vez que soplaba el gélido viento del norte entre los peñascos del final de la bahía, un ligero murmullo, presagio de algo terrible, se extendía por la aldea. Los más viejos del lugar, conocedores del peligro, corrían a refugiarse en la vieja iglesia construida hace cientos de años con el único propósito de servir de protección mística frente a los entes malévolos que se cernían amenazantes sobre la estigmatizada aldea.


Tras el gélido viento que anunciaba el advenimiento, la calma precedía a una extraña niebla que se adentraba lentamente en la bahía, y sumergía al pueblo en una agobiante y tensa desesperación. Las casas desaparecían de la vista. Las personas se convertían en amenazadoras sombras, el peligro se intuía a través de la piel erizada por el miedo, el terror se enfrentaba a la cordura y en algunos casos ganaba la batalla, llevándose por delante hasta a los más cuerdos.


Solo la arrogancia de un reconstruido faro conseguía plantar cara al mal que, periódicamente, se dejaba caer por estos lares dejados de la mano de Dios y del hombre. Únicamente León el farero de fines de semana, tenía los conocimientos y el valor suficiente para reconstruir un viejo y olvidado faro, utilizando materia prima sagrada traída desde la mismísima tierra santa.


Todo comenzó cuando León en uno de sus múltiples viajes a través del mundo, fue a dar con sus cansados huesos en una vieja tienda de reliquias en la mítica ciudad de Jericó. El extraño personaje que regentaba la tienda quiso venderle todo tipo de maravillas, de las cuales decía, eran auténticamente genuinas y de un valor incalculable, pero de todo lo que había en la tienda lo que más le atrajo la atención fue una vasija llena de una extraña tierra rojiza. Al preguntar por ella, el mercader rehusó dar algún tipo de explicación, diciéndole que no estaba en venta, ya que era lo más valioso que tenia en la tienda.

Extrañado por la actitud del comerciante, León insistió, pero todos sus intentos fueron en balde, una tras otra sus demandas fueron rechazadas, al tiempo que el vendedor intentaba colarle cualquier otra pieza de la tienda, y además haciéndole un generoso descuento, cosa extraña. Finalmente cuando León se dio cuenta de que no sacaría nada en claro ante la actitud del comerciante decidió irse, pero con la idea de volver más tarde con algo interesante para ofrecerle al tendero.


A los dos días y habiéndose informado bien de cuales eran las debilidades del vendedor, apareció en la tienda de antigüedades y, con la mejor de sus sonrisas, se planto delante del tendero, y extrayendo una caja de cartón de su bolsa se la puso sobre la mesa. Mientras, el comerciante seguía con su cantinela de que no estaba en venta el extraño recipiente de arena roja. Pero, ante la amplia sonrisa de León, el comerciante comenzó a sentir cierta curiosidad e instó a éste a que abriese la destartalada caja de cartón. Cuando León la abrió, los ojos del comerciante se iluminaron fugazmente, pero su temple de años de embaucador y regateador le mantuvo el aplomo, y mientras su mente sopesaba, rauda, los pros y contras de una posible transacción.

León percibió ese fugar atisbo de deseo y supo que lo tenía bien cogido por las pelotas, y que finalmente la vasija caería en sus manos.

― He escuchado por ahí que te gusta mucho los puros, y he pensado que podríamos hacer un canje ― le comentó León.

El vendedor con el aplomo de años de experiencia hizo un gesto de desden y sin mirar a León le dijo ― ¡puag! eso no vale ni un solo grano de esta tierra santa ―.

― ¡Entonces es lo que yo pensaba! estamos hablando de la tierra sagrada que se impregno de la sangre de Cristo el día de su crucifixión, y que después de su muerte fue recogida por sus seguidores, pasando de generación en generación durante más de dos mil años hasta llegar, quien sabe como, a este andrajoso cuchitril de venta de seudo reliquias ―.

El comerciante no necesitaba contestar, su cara reflejaba claramente que León estaba en lo cierto. A León se le aceleró el pulso y empezaron a sudarle las manos. Él no era excesivamente religioso, pero de pequeño se educó en un colegio de curas y una de las historias que más le gustaba escuchar era, la de las reliquias de la crucifixión, la lanza del soldado romano, la corona de espinas, la madera de la cruz y sobretodo la arena con la sangre de cristo que fue recogida en la base de la cruz, reliquias que según decían tenían ciertos poderes mágicos y extraordinarias cualidades curativas.


León saco uno de los puros que habitaban la roída caja y se lo paso por delante de la nariz, aspirando profundamente el olor que emanaba éste. Al tendero se le salían los ojos de las orbitas. La información que había obtenido a cambio de unas cuantas perras era cierta, uno de los puntos débiles del comerciante eran los puros y más si eran auténticos habanos.


Al vislumbrar un resquicio por el cual entrarle al vendedor, León no se lo pensó y se acerco a ver a un viejo amigo, que le debía ciertos favores.

― No sé como, ni a quien tienes que matar para conseguirlo, pero necesito una caja llena de habanos ― le grito nada más verle.

Y su amigo sin atreverse a preguntar nada más, salio de la casa y retorno al cabo de un buen rato, entregándole a León lo que éste le había pedido.

El mercader de reliquias hacia años que no olía unos auténticos habanos y sabia del valor que estos tenían por estas tierras, y también intuía que quizás tendrían de pasar varios años antes de que una oportunidad como esta se presentase de nuevo, por lo que no dudo en proponerle a León un trato.

― La vasija no te la puedo entregar, ya que es un legado que debo custodiar y dejar en herencia a mis descendientes, pero te puedo dar un puñado de la tierra contenida en la sagrada vasija ―.

Sin dudarlo León aceptó, presintiendo, solo de lejos, el verdadero valor que aquel puñado de tierra podía tener en un futuro no muy lejano.

Pasaron años antes de que León se viese en la necesidad de utilizar las propiedades extraordinarias atribuidas a ese puñado de tierra bendecida por la sangre divina.

La huestes del mal rondaban las tierras prosperas de los alrededores, convirtiéndolas a su paso en parajes baldíos y tétricos. Los pueblos de alrededor fueron convirtiéndose, paulatinamente, en lúgubres aldeas decadentes, y sus habitantes fueron poseídos por extraños entes malignos que les obligaban a realizar aterradores sacrificios. Toda la comarca se había convertido en la antesala del infierno, y esto solo parecía ser el principio del fin.

León empezaba a notar en su propio ser la agobiante presencia de un ente maligno que pugnaba por arrebatarle su cuerpo y lanzar su alma a las abrasadoras llamas del infierno.
Al notar como su cuerpo ya no le respondía y el maldito demonio se apoderaba lentamente de sus movimientos, León vio una sola salida, y con la poca fuerza de voluntad que le quedaba, se acerco a una roída caja de cartón, que tenia colocada en un estante, y la abrió cogiendo un puñado de tierra, que deslizándose entre sus dedos ahuyentó inmediatamente al mal que lo poseía, y liberó una onda expansiva tal, que un aire huracanado arrasó literalmente al mal de los alrededores, devolviéndolo de nuevo a los infiernos.

Después de lo sucedido, León comenzó a preguntarse como podía utilizar el poder acumulado en la sagrada tierra para aniquilar el mal que se había expandido tan rápidamente por los alrededores, y además, pensó, como conseguiría que las propiedades sagradas perduraran para la eternidad. Y finalmente se le ocurrió una solución que le ilumino el alma y le hizo sonreír.

Con la tierra sagrada hizo construir unas lentes de cristal para faros marítimos, y sin descanso, como poseído por una fuerza superior, se pasó no se sabe cuanto tiempo trabajando en el viejo faro situado en el acantilado del muerto.

Finalmente, solo quedaba una persona no impregnada del mal, y habidos de presas y en busca de almas, todos los demoníacos habitantes de la comarca se habían concentrado alrededor del faro, atraídos por una fuerza superior.

Intentaban por todos los medios entrar en el viejo faro, o trepar por sus deslizantes paredes, para apoderarse de la única alma que quedaba en muchos kilómetros a la redonda. Después, cuando finalmente lo hubiesen conseguido, partirían hacia todos los rincones del planeta en busca de nuevas almas con las que alimentar las malditas llamas del infierno.


Pero los pobres infelices no contaban con los imperturbables e irónicos caprichos del destino, que habían decido poner en el camino de León una fantástica y maravillosa tierra, que se convertiría en materia prima con la que reconstruir una viejo foro, perdido en el más recóndito lugar de una costa cien veces maldita.

Finalmente, un farero a tiempo parcial alimenta de energía las bombillas que dan luz al faro del acantilado del muerto, y éste ilumina con un haz radiante las tinieblas que lo rodean, empujando la oscuridad al infierno al que pertenece y arrastrando con ella el mal que ha poseído el lugar y a sus habitantes.


León de nuevo sonríe mientras, espectador de excepción de la eterna lucha entre el bien y el mal, enciende un puro y se lo fuma a la salud de un viejo vendedor de reliquias.

17 comentarios:

@reku (Alexandre Ríos) dijo...

Buen relato.

Saludos.

http://areku-desingblog.blogspot.com/

Mario dijo...

Joder, te había escrito un cacho comentario que te chupas los dedos. Y cuando le he dado a publicar y he escrito la verificación que tienes de las narices. Bueno, no de tus narices, de tu blog, me ha mandado a tomar viento fresco (léase donde pone "viento", "por culo").

Te decía que ya te vale. Mira que ofrecerle puros. Si con la ley antitabaco no se puede fumar ni en Jericó.

Y que imaginación le pones. Y te sobra. Y esos es bueno. Que si quieres saber qué más me parece, cuánto más me gusta, imagina que mañana quedamos y tomamos un café. Sé que estás de vacaciones, pero vamos, que si quieres, acepto una invitación. Otro día, cuando la crisis se vaya a tomar viento fresco (léase, etc...), invito yo. Que será pronto. Lo prometo.

Quedamos en el faro, cuando me llames.

Hasta luego.

Elektra dijo...

Tardas tiempo en regurgitar, pero joder, tienes una imaginación de chuparse los dedos (como el comentario ese de Mario que se borró). A mí los faros y los fareros siempre me han transmitido una luz mágica, como peligrosa...

Siento hacer alusión a Mario últimamente por aquí, pero es que sus comentarios no tienen desperdicio... como tus textos de fantasía.

Un abrazo entre pecho y ombligo.

rapanuy dijo...

Gracias @reku


Mario, por la gloria de mi padre, no juntes viento y culo en la misma frase porque se puede liar una buena, sobre todo en estas fechas de excesos alimenticios.
Ya sabes que todo lo que me falta de calidad literaria me sobra de imaginación desbordada.

¡Venga! Vete encendiendo las luces del faro que voy raudo y veloz, aunque si pago yo me lo tomare con más calma. :)


Electra, me encanta que comentes mis relatos, no te cortes y alude a Mario todo lo que quieras que hay confi, y además luego lo solemos comentar mientras nos tomamos unos cafés.

Hablando de faros, tengo uno preparado para colgar en mi otro blog, por si te aburres durante estos días de obligada festividad.

Otro abrazo de esos.

TaTtU dijo...

Hola. Bueno, los hay con suerte mire usted. ¡León, que fiera! muy agudo el señor, si... se hizo con la vasija y la tierra Santa a cambio de una cajita de puritos...

Muy bien le estuvo la jugadita al comerciante, por bobo y por tener expuesto allí la vasija tan valiosa.
Que la hubiera guardado debajo de la cama.
Rapanuy, yo necesito un puñadito de esa tierra roja.
De verdad que si es tan milagrosa, la necesito más que el respirar. Mándamela a cobro revertido. Y te digo, lo que le dijo León a su amigo: mata a quien sea pero... consigueme un poquito, unos granitos aunque sea...
Luego cuando ya haya obrado el milagro, ajustamos el precio...
Que no te voy a regatear unos cientos de euros arriba, ¿eh?
Quedo en espera de sus prontas noticias. Agradeciendo la atención y conocedora de su formalidad en sus relaciones comerciales.
Reciba un cordial saludo.

P.d. A pesar de ser hoy 28 de Diciembre (Santos Inocentes), mi proposición es muy seria y formal

PAU dijo...

me ha gustado bastante tu historia que imaginacion mas aguda tienes. Y leon me ha parecido un hombre que sabia muy bien lo que queria.. Y el vendedor de reliquias que majo. No me parece bobo como he leido por hay arriba que le llaman pero cada uno tiene su libre opinion. FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO
un abrazote

Puerta Efímera dijo...

Muchas gracias por el desvirgamiento, sobre todo porque es difícil tener seguimiento cuando se escribe de forma anónima. Echaré una ojeada por su blog, que parece no tener mala pinta ;-)

Un saludo.

Susurros Mortales dijo...

No quería dejar pasar este día sin pasar a verte para dejarte mis mejores deseos para ti y los tuyos y que en 2010 se hagan realidad todos tus sueños.

Feliz Año Nuevo. Besitos.

rapanuy dijo...

Hola TaTtU, te juro por mis muelas que si me quedara algún grano de esa tierra te la mandaba, pero la ultima la utilicé para curar unas verrugas y una pata de palo, y la pena es que no me llego para curar la alopecia.

Gracias PAU, cada uno valora las cosas en su justa medida y el vendedor tenia claras sus prioridades.

Un feliz abrazo.



Puerta Efímera, suerte que no has dicho que te gustó, si no, me hubiese ruborizado. :)

Saludos.


Susurros Mortales, me han hecho mucha ilusión tus deseos para mí y los míos. Me pasaré por tu blog a llevarte los míos.

Muchos besos para el año que entra.


¡FELIZ AÑO A TODOS!

TaTtU dijo...

Buenas noches/mdrugadas, último día año 2009. Ganitas tengo ya que se acabe el añito en cuestión. No me gustan ná los años impares, ni bisiestos. Por tanto sólo me gusta uno de cada cuatro... Justo el 2010 es uno de ellos. Espero y creo que va a ser un buen año, a ver si es verdad...
Acabo de leer tu post y, te digo que yo tengo el remedio para la calvice.
Tienes que cumplir una serie de requisitos.
Ser varón.
Tener menos de 40 años.
No tener una alopecia total, ni tampoco alopecia leve.
Si cumples estas "cualidades" sigue leyendo. Sino... sigue leyendo también.
Te hablo de unas pastillas que se venden como "propecia" y son unos derivados, no hormonales, de los corticosteroides. Este tratamiento es largo, y dicen que es efectivo.
Yo no lo he probado. Sólo cumplo un requisito de los que se requieren...
Pero no creas... aparento un par de añitos o tres menos... dicen... dicen...
En el caso de que la alopecia, no la tengas moderada. Es que estás casi calvo... No te preocupes
La solución está en ponerte unas rastas.
Aunque si tienes alopecia total...
¿Dónde se te van a poder enganchar?...
Lo estudiaré, haré un análisis exhaustivo y llegaré a una conclusión.
Es díficil el caso, en el supuesto que sea tu caso... pero no imposible.
Ya voy a cerrar ésto...
Un deseito antes. Que empiece el año nuevo ya... que el País, empiece a trabajar... Que se vaya la crisis, que
los cirujanos acuden ya a los quirófanos a operar a la gente.
Joder que tienen más vacaciones que los diputados...
Cómo me lie a hablar de éstos, no dejo títere con cara...
Otro día quizá...
Bueno, cuidaito al comer las uvas, quién las coma.
Salu2 con sabor a champán-chimpón y salud para to2

Marián dijo...

ayy....qué sutilezas..y que ingenio,,y que inteligencia intuyo en usted.

Yo no tengo ni blog ni nada... pero me gusta descubrir talentos... por eso estoy aquí.Tiene suerte Mario al tenerle a usted entre sus amigos....

D.A. dijo...

Que grata sorpresa encontrarle a alguien como usted por aquí !!!

Me siento tan identificado con los torrentes de pensamientos que estoy viendo por aquí...

Un lugar ideal para mis moais apocalípticos y estridentes...

Un saludo y empiezo a seguirle !!!

rapanuy dijo...

Gracias Marián, buena intuición la tuya.

Y sí, no sabe Mario la suerte que tiene :)

Saludos.


D.A. puedes aparcar tus moais por aquí, haré un poco de sitio.

Saludos.

obiwan1977 dijo...

Muy bueno el cuento, me encanta. Es un gusto poder leer buena literatura en la red.

Un blog muy interesante.

Un saludo desde Brevemente.

Capitán Tormentas dijo...

Vamos que la luz de la espada Jedi o la del los pirulos de la guardia civil son un caquita al lado de la del faro del acantilado del muerto, en cuanto a disuadir el mal o el lado oscuro. Excelente relato Rapanuy. Feliz año

Dedicatorias dijo...

RAPANUY.
Acabo de regresaar de vacaciones y no queria desaprovechar la ocasion para felicitarte el 2010.
Besos de Turron.

rapanuy dijo...

Obiwan1977, gracias por tu buen gusto ;)
Saludos.


Capitán Tormentas, si alargo el relato desintegro medio planeta, ya que el mal anida en el interior de muchas de los seres que nos rodean.
Feliz 2017.


Dedicatorias, gracias por las felicitaciones, recíprocas, y por esos besos tan dulces.
Un abrazo.

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