domingo, 27 de diciembre de 2009

EL ACANTILADO DEL MUERTO


León vivía dos vidas, una de anhelos y otra de realidades. Su vida transcurría entre la obligación del trabajo y su pasión por el mar.
Durante la semana León trabajaba en los viejos astilleros de la empresa Romanof, ubicada en la pequeña localidad costera de San Genaro.

La crisis económica que arrasaba la nación había hecho estragos también en la empresa familiar, y estos agobiados por las deudas se habían visto obligados a ceder parte de sus acciones a una multinacional naviera que, en cuanto pudo, desmantelo lo poco que quedaba de ésta, dejando tan solo un esqueleto moribundo de lo que antes fue una floreciente y orgullosa empresa.

Los fines de semana León los pasaba refugiado en el antiguo y decrepito faro, situado en lo más alto del acantilado del muerto. Durante generaciones llamaron a éste, el faro del muerto, y aunque León se preocupo de preguntar a la mayoría de los ancianos del pueblo, quien era el muerto que le dio nombre al acantilado, nadie supo nunca darle una contestación satisfactoria. O quizás, como pasa en muchos otros lugares de tradiciones arraigadas en el subconsciente colectivo, preferían mantener alejados los malos recuerdos y las vivencias sobrecogedoras.

Lo cierto es que la mayoría de los habitantes de los alrededores evitaban en la medida de lo posible pasar cerca del faro y sobretodo cuando se avecinaban nubes negras amenazando tormenta.

Aquel fatídico día, si alguien hubiese sabido leer las señales que se encadenaron, una detrás de otra, quizás y solo quizás, la tragedia se podría haber evitado. Aunque la concatenación de circunstancias se alinearon en una sinfonía macabra de despropósitos y trágicos errores, que desembocaron inexorablemente en una de las historias más horribles que se recuerdan en la zona.

Cada vez que soplaba el gélido viento del norte entre los peñascos del final de la bahía, un ligero murmullo, presagio de algo terrible, se extendía por la aldea. Los más viejos del lugar, conocedores del peligro, corrían a refugiarse en la vieja iglesia construida hace cientos de años con el único propósito de servir de protección mística frente a los entes malévolos que se cernían amenazantes sobre la estigmatizada aldea.


Tras el gélido viento que anunciaba el advenimiento, la calma precedía a una extraña niebla que se adentraba lentamente en la bahía, y sumergía al pueblo en una agobiante y tensa desesperación. Las casas desaparecían de la vista. Las personas se convertían en amenazadoras sombras, el peligro se intuía a través de la piel erizada por el miedo, el terror se enfrentaba a la cordura y en algunos casos ganaba la batalla, llevándose por delante hasta a los más cuerdos.


Solo la arrogancia de un reconstruido faro conseguía plantar cara al mal que, periódicamente, se dejaba caer por estos lares dejados de la mano de Dios y del hombre. Únicamente León el farero de fines de semana, tenía los conocimientos y el valor suficiente para reconstruir un viejo y olvidado faro, utilizando materia prima sagrada traída desde la mismísima tierra santa.


Todo comenzó cuando León en uno de sus múltiples viajes a través del mundo, fue a dar con sus cansados huesos en una vieja tienda de reliquias en la mítica ciudad de Jericó. El extraño personaje que regentaba la tienda quiso venderle todo tipo de maravillas, de las cuales decía, eran auténticamente genuinas y de un valor incalculable, pero de todo lo que había en la tienda lo que más le atrajo la atención fue una vasija llena de una extraña tierra rojiza. Al preguntar por ella, el mercader rehusó dar algún tipo de explicación, diciéndole que no estaba en venta, ya que era lo más valioso que tenia en la tienda.

Extrañado por la actitud del comerciante, León insistió, pero todos sus intentos fueron en balde, una tras otra sus demandas fueron rechazadas, al tiempo que el vendedor intentaba colarle cualquier otra pieza de la tienda, y además haciéndole un generoso descuento, cosa extraña. Finalmente cuando León se dio cuenta de que no sacaría nada en claro ante la actitud del comerciante decidió irse, pero con la idea de volver más tarde con algo interesante para ofrecerle al tendero.


A los dos días y habiéndose informado bien de cuales eran las debilidades del vendedor, apareció en la tienda de antigüedades y, con la mejor de sus sonrisas, se planto delante del tendero, y extrayendo una caja de cartón de su bolsa se la puso sobre la mesa. Mientras, el comerciante seguía con su cantinela de que no estaba en venta el extraño recipiente de arena roja. Pero, ante la amplia sonrisa de León, el comerciante comenzó a sentir cierta curiosidad e instó a éste a que abriese la destartalada caja de cartón. Cuando León la abrió, los ojos del comerciante se iluminaron fugazmente, pero su temple de años de embaucador y regateador le mantuvo el aplomo, y mientras su mente sopesaba, rauda, los pros y contras de una posible transacción.

León percibió ese fugar atisbo de deseo y supo que lo tenía bien cogido por las pelotas, y que finalmente la vasija caería en sus manos.

― He escuchado por ahí que te gusta mucho los puros, y he pensado que podríamos hacer un canje ― le comentó León.

El vendedor con el aplomo de años de experiencia hizo un gesto de desden y sin mirar a León le dijo ― ¡puag! eso no vale ni un solo grano de esta tierra santa ―.

― ¡Entonces es lo que yo pensaba! estamos hablando de la tierra sagrada que se impregno de la sangre de Cristo el día de su crucifixión, y que después de su muerte fue recogida por sus seguidores, pasando de generación en generación durante más de dos mil años hasta llegar, quien sabe como, a este andrajoso cuchitril de venta de seudo reliquias ―.

El comerciante no necesitaba contestar, su cara reflejaba claramente que León estaba en lo cierto. A León se le aceleró el pulso y empezaron a sudarle las manos. Él no era excesivamente religioso, pero de pequeño se educó en un colegio de curas y una de las historias que más le gustaba escuchar era, la de las reliquias de la crucifixión, la lanza del soldado romano, la corona de espinas, la madera de la cruz y sobretodo la arena con la sangre de cristo que fue recogida en la base de la cruz, reliquias que según decían tenían ciertos poderes mágicos y extraordinarias cualidades curativas.


León saco uno de los puros que habitaban la roída caja y se lo paso por delante de la nariz, aspirando profundamente el olor que emanaba éste. Al tendero se le salían los ojos de las orbitas. La información que había obtenido a cambio de unas cuantas perras era cierta, uno de los puntos débiles del comerciante eran los puros y más si eran auténticos habanos.


Al vislumbrar un resquicio por el cual entrarle al vendedor, León no se lo pensó y se acerco a ver a un viejo amigo, que le debía ciertos favores.

― No sé como, ni a quien tienes que matar para conseguirlo, pero necesito una caja llena de habanos ― le grito nada más verle.

Y su amigo sin atreverse a preguntar nada más, salio de la casa y retorno al cabo de un buen rato, entregándole a León lo que éste le había pedido.

El mercader de reliquias hacia años que no olía unos auténticos habanos y sabia del valor que estos tenían por estas tierras, y también intuía que quizás tendrían de pasar varios años antes de que una oportunidad como esta se presentase de nuevo, por lo que no dudo en proponerle a León un trato.

― La vasija no te la puedo entregar, ya que es un legado que debo custodiar y dejar en herencia a mis descendientes, pero te puedo dar un puñado de la tierra contenida en la sagrada vasija ―.

Sin dudarlo León aceptó, presintiendo, solo de lejos, el verdadero valor que aquel puñado de tierra podía tener en un futuro no muy lejano.

Pasaron años antes de que León se viese en la necesidad de utilizar las propiedades extraordinarias atribuidas a ese puñado de tierra bendecida por la sangre divina.

La huestes del mal rondaban las tierras prosperas de los alrededores, convirtiéndolas a su paso en parajes baldíos y tétricos. Los pueblos de alrededor fueron convirtiéndose, paulatinamente, en lúgubres aldeas decadentes, y sus habitantes fueron poseídos por extraños entes malignos que les obligaban a realizar aterradores sacrificios. Toda la comarca se había convertido en la antesala del infierno, y esto solo parecía ser el principio del fin.

León empezaba a notar en su propio ser la agobiante presencia de un ente maligno que pugnaba por arrebatarle su cuerpo y lanzar su alma a las abrasadoras llamas del infierno.
Al notar como su cuerpo ya no le respondía y el maldito demonio se apoderaba lentamente de sus movimientos, León vio una sola salida, y con la poca fuerza de voluntad que le quedaba, se acerco a una roída caja de cartón, que tenia colocada en un estante, y la abrió cogiendo un puñado de tierra, que deslizándose entre sus dedos ahuyentó inmediatamente al mal que lo poseía, y liberó una onda expansiva tal, que un aire huracanado arrasó literalmente al mal de los alrededores, devolviéndolo de nuevo a los infiernos.

Después de lo sucedido, León comenzó a preguntarse como podía utilizar el poder acumulado en la sagrada tierra para aniquilar el mal que se había expandido tan rápidamente por los alrededores, y además, pensó, como conseguiría que las propiedades sagradas perduraran para la eternidad. Y finalmente se le ocurrió una solución que le ilumino el alma y le hizo sonreír.

Con la tierra sagrada hizo construir unas lentes de cristal para faros marítimos, y sin descanso, como poseído por una fuerza superior, se pasó no se sabe cuanto tiempo trabajando en el viejo faro situado en el acantilado del muerto.

Finalmente, solo quedaba una persona no impregnada del mal, y habidos de presas y en busca de almas, todos los demoníacos habitantes de la comarca se habían concentrado alrededor del faro, atraídos por una fuerza superior.

Intentaban por todos los medios entrar en el viejo faro, o trepar por sus deslizantes paredes, para apoderarse de la única alma que quedaba en muchos kilómetros a la redonda. Después, cuando finalmente lo hubiesen conseguido, partirían hacia todos los rincones del planeta en busca de nuevas almas con las que alimentar las malditas llamas del infierno.


Pero los pobres infelices no contaban con los imperturbables e irónicos caprichos del destino, que habían decido poner en el camino de León una fantástica y maravillosa tierra, que se convertiría en materia prima con la que reconstruir una viejo foro, perdido en el más recóndito lugar de una costa cien veces maldita.

Finalmente, un farero a tiempo parcial alimenta de energía las bombillas que dan luz al faro del acantilado del muerto, y éste ilumina con un haz radiante las tinieblas que lo rodean, empujando la oscuridad al infierno al que pertenece y arrastrando con ella el mal que ha poseído el lugar y a sus habitantes.


León de nuevo sonríe mientras, espectador de excepción de la eterna lucha entre el bien y el mal, enciende un puro y se lo fuma a la salud de un viejo vendedor de reliquias.

lunes, 7 de diciembre de 2009

DESDE SATURNO CON AMOR





El otro día me envió un mensaje telepático mi amigo Míguel, tiene su residencia habitual a las afueras de Saturno, en una urbanización bastante moderna situada en una de sus lunas.

La verdad es que no consigo acostumbrarme a que se meta en mi mente y hurgue en lo más profundo de ella, me da la sensación de que esta violando mi intimidad, pero no hay manera, él sigue haciéndolo, y eso que le regalé unos Walkie Talkies modificados que alcanzan cientos de miles de kilómetros, pero él siempre salta con lo de que no le gustan las nuevas tecnologías y prefiere el sistema tradicional. En Saturno será tradicional pero aquí en la Tierra se hace extraño que se metan en tu mente.


Por fin Ayer se dejo caer por aquí y me contó que venia preocupado, ya que capto unas extrañas vibraciones procedentes de lo más profundo de mi subconsciente.

– ¿Va todo bien, te noto un poco alterado?– me preguntó mi amigo al verme.

– La verdad es que estoy bastante mosqueado y un poco indignado – le respondí.

– No será por el tema de la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet – me largó sin apenas parpadear.

– Pues sí

– Pero eso no te afecta directamente a ti ¿no?

– ¡Como que no me afecta!, tú en que planeta vives.

– En Saturno.

– Claro, y seguro que allí no tenéis estos problemas

– Pues no, la verdad es que allí no necesitamos la red de Internet para intercambiar información.

– Aquí aún andamos en la edad de piedra informativa, y necesitamos de la red de redes para intercambiar la información y para poder comunicarnos fácilmente con todas las personas del planeta. Por eso ahora, igual que yo, hay muchas personas que postean esta información en la red.

– ¿Postean? ¿Qué significa postear?

– Espera que lo busco en la red… mira la definición de Postear: Españolización de "to post" (enviar, publicar, mandar). Acción de enviar un mensaje a un grupo de noticias o newsgroup. Los mensajes incluidos ya en el servidor son llamados "post" (mensaje, artículo). (http://www.alegsa.com.ar/Dic/postear.php)


–Es una manera como otra de difundir información y conseguir que ésta llegue sin interferencias al mayor numero de personas posible, para que estén correctamente informadas.

– ¡Qué quieres decir! ¿Qué en este planeta se manipula la información?

– ¡Ya te digo! Y si no te lo crees pon cualquier canal de noticias y contrasta, tú mismo, la información que facilitan y veras como cada uno lo cuenta como más le interesa.

–Yo creo que es parte de la condición humana.

– Puede ser, pero escucha esto – le respondo mientras rebusco entre unos papeles un comentario que alguien colgó en un blog.

” La indignación campa a sus anchas por el mundo mundial y sobre todo por la red de redes de esta nuestra nación monárquica y soberana, actualmente de excesivo talante.


Omito expresamente lo de constitucional porque parece que esa legislación ya no ampara al ciudadano de a pie


La excusa de la crisis sirve para favorecer todos los desmanes inflingidos tanto a los trabajadores, como a los usuarios y demás plebeyos.


Nos tratan a los usuarios como a chusma infectada por alguna enfermedad contagiosa, o se piensan que nacimos con el estigma de la delincuencia en nuestros genes, ¿nos creerán de su condición?

La razón principal es la presión que ejercen las empresas del sector de los derechos de autor y parte de la comunidad de artistas que se suben al carro del glamour y la buena vida a costa del bolsillo de los feligreses, pobres carroñeros.

No tienen bastante con imponer un canon abusivo y fuera de toda lógica, ya que lo cobran por presunta culpabilidad, pasándose por el forro de los… la presunción de inocencia que reciben hasta los mayores criminales psicópatas que han pasado por los juzgados de este país de incongruencias.


Y ahora además quieren recortar libertades adquiridas legítima y moralmente, y además pretenden controlar el acceso libre de los ciudadanos a los sitios web y aspiran a poder clausurar y cerrar cualquier web o blog o red social o cualquier otro sitio libre, fuera del control interesado de las empresas del sector relacionado con los royalties que se cobran por los derechos de autor.”


–Pues estáis jodidos – me comenta mi amigo Míguel – porque si los que os tienen que defender de esos chupasangres carroñeros de la ESGAE y sus compinches, son los corruptos e ineptos políticos que elegisteis para representaros, vais apañados.

–No me desmoralices más, joder, que entre la crisis económica, la bajada de los sueldos, la gripe A, el abusivo precio de las Adsl, los políticos corruptos, el hambre en el mundo y el deterioro climático, esto parecen lo de las siete plagas bíblicas profetizadas en el Antiguo Testamento.

–Ves, por eso me gusta bajar a este planeta, aquí os lo pasáis de miedo, es un no parar, no como en el mío que es tan aburrido.

– Pues te lo regalo – le contesto a mi amigo Míguel, antes de largarnos a tomar unas copas, que es otra de las cosas que más le gustan de este planeta.



Hoy me ha alegrado el día esto:


Condenan a la ESGAE

Reabren dos web P2P y multan a la SGAE por actuar con mala fe

En mayo de 2009 se cerraron dos sitios de enlaces a archivos con derechos de autor a petición de la SGAE. El juez que realizó este cierre ha ordenado su reapertura tras escuchar los argumentos del dueño de las webs y ha condenado a la entidad de gestión al pago de las costas.

Más en:

http://www.rankia.com/foros/bancos-cajas/temas/332239-condenan-esgae

sábado, 21 de noviembre de 2009

EL REFLEJO DE UN ANTIGUO UNIVERSO





Desde este palco preferencial en el teatro de la teoría, observo, maravillado, la majestuosa sinfonía de caos y destrucción que me ofrece un viejo y agonizante universo moribundo.


Trascurridos innumerables eones, habiendo construido a su paso el espacio y el tiempo, este universo, anterior al nuestro, se agota sucumbiendo a su destino, su inercia se detiene bruscamente e inicia el colapso de su propio ser.


Observo con insólita atención como, en una galaxia cercana, una estrella masiva agota su combustible atómico rompiendo el equilibrio de fuerzas que la sustentan, iniciando de esta manera el Apocalipsis. Toda la energía del astro se libera con un brillo tal que supera increíblemente al de todas las estrellas de la galaxia juntas.


Pasados esos instantes, cuando el estallido cegador se disipa, la fuerza de la gravedad impone su ley, y la masa del sol se comprime hasta quedar reducida al tamaño de un grano de arena. La fuerza de atracción gravitatoria es tan brutal que ni los fotones, corpúsculos luminosos, consiguen liberarse de su atracción, quedando atrapados en un torbellino demencial.


Desde fuera, sentado en mi butaca de privilegio, contemplo, extasiado, la gula infinita del agujero negro en el que se ha convertido la estrella moribunda. Planetas, cometas, meteoritos, soles, galaxias enteras son absorbidas, fagocitadas sin piedad en un festín inmisericorde.


Galaxias efímeras se empujan mezclándose y estallando hasta consumirse mutuamente, para acabar cayendo al pozo sin fin del creador. La fuerza primigenia que dio vida al universo ha decidido regenerarlo y empezar de nuevo.

Un universo entero se ha colapsado convirtiéndose a su vez en contenido y contenedor.

No hay materia, ni forma, ni cuerpo, no hay luz ni oscuridad, no existe el espacio ni el tiempo. Solo habita el ser, el alma, la energía pura.


Las palabras no pueden describir lo que la mente no puede concebir, en realidad no debería existir, pero extrañamente es, fue y será.


Todos los átomos, del antiguo universo, se han descompuesto en la materia prima que los construye y ésta se ha mezclado conformando una sopa regeneradora que se auto alimenta preparándose para dar a luz un nuevo y maravilloso universo.


Una ligera pausa, una leve exhalación y se produce un estallido de energía como nunca antes se había visto ni se volverá a ver jamás, nace de esta manera un nuevo espacio, se inicia el tiempo, se construyen los átomos que formarán los ladrillos de un joven universo, que crecerá y creará con su polvo estelar nuevos soles y planetas que conformarán a su vez miles, quizás, millones de galaxias.


En una de esas galaxias, una estrella mediocre pero afortunada ha conseguido generar vida en uno de los planetas que la circundan, y durante miles de millones de años ha estado alimentando y calentando dicho planeta para que la vida se desarrolle, evolucione y se transforme en algo diferente de lo que es ahora.


Y mientras transitamos ese periodo evolutivo de la humanidad, donde las historias se crean y se destruyen a la velocidad de la luz, yo que he vivido y participado de la danza cósmica del anterior universo, formo parte ahora de este misterioso y extraño universo, viéndome sin quererlo avocado a tomar parte activa en una de sus fantásticas y terrenales historias.


Acurrucado al el calor del magma incandescente de esta estrella, saboreo mi existencia placida y monótona, pero mi letargo llega a su fin y la razón de mi existencia comienza a tomar forma. Noto como mi ser muta rápidamente ascendiendo desde las capas inferiores del astro, empujándome hacia la superficie, sabiendo que cuando se produzca la fusión saldré expedido a la velocidad de la luz, iniciando un viaje intergaláctico que me llevará, con un poco de suerte, hasta los más remotos confines del universo. Siempre que algo no se interponga en mi camino.


¡Dios! Echaba de menos esta sensación de libertad, hacia eones que no viajaba por el espacio, iluminándolo todo a mi paso, casi lo había olvidado. ¿Espero que me dure?, porque acabo de pasar cerca de dos planetas que han tratado de absorberme con su campo gravitatorio, suerte que eran relativamente pequeños, no como ese azul que se acerca, ¡mierda! Se me acabo lo bueno.


Lamentablemente la atracción es irresistible y no puedo liberarme, caigo sin remisión hacia el planeta, atravesando una tenue atmósfera que no consigue detener mi velocidad. De refilón contemplo las maravillas que alberga este inoportuno planeta. Puedo ver grandes extensiones de tierras de tonos ocres y marrones; inmensos océanos azules y cristalinos; grandes montañas, coronadas por nieves eternas, me reflejan. Y finalmente me precipito sobre una tupida y frondosa alfombra verde esmeralda, adentrándome, rebotando de rama en rama, de hoja en hoja, en un alocado caos, en lo que parece ser una espesa jungla vegetal.


Impacto directamente contra un metal, que se balancea seccionando ramas y arbustos a su paso, y salgo despedido hacia un organismo vivo que me absorbe, cortando de raíz mi idílico viaje hacia los confines del universo. Parte de mi ser se diluye en una cornea humana y el resto se refleja disperso y moribundo.


- ¡Maldición!- masculla entre dientes el extraño personaje, al quedar cegado momentáneamente por el reflejo en la espada, de los rayos de sol que se cuelan, imprudentes, entre las copas de los árboles de esta condenada selva.


El extraño personaje coge aire y descansa, mientras observa la milenaria espada, rescatada milagrosamente del naufragio, la cual utiliza para abrirse camino a través de la maleza, mientras se pregunta dónde le llevara esta nueva aventura.

martes, 10 de noviembre de 2009

EL ÁRBOL







Era la quinta vez que me pasaba lo mismo y ya empezaba a mosquearme un poquito la situación, el maldito árbol me tenia cierta manía y yo, pobre de mí, no recordaba haberle hecho nada, excepto arrancarle alguna que otra de sus jugosas manzanas, tal y como hacían la mayoría de personas que pasaban por allí, pero, extrañamente, el condenado árbol no les atacaba tan vilmente y a traición como hacia conmigo.


La verdad es que todo comenzó un viernes trece de agosto del año de nuestro señor de mil seiscientos ochenta y siete. Soplaban aires de cambio en la vieja Europa, florecía el renacimiento, la medicina, las artes, la ciencia en todas sus ramas, y el conocimiento resurgía de sus cenizas cual ave Fénix. Atrás quedaba la época del oscurantismo, siglos sumidos en las tinieblas de la ignorancia y del aplastante dominio de la iglesia sobre la libertad de los hombres, y mientras toda esta corriente de cambios se sucedían, yo a lo mío, intentando echarme, tranquilamente, una siesta a la sombra de un manzano y calculando formulaciones matemáticas para conciliar el sueño.


Mira que hay árboles más o menos famosos en la historia de la humanidad: está el árbol mitológico del bien y el mal, el ancestral árbol del conocimiento, el árbol de la vida, el árbol del que comió Eva, ya le vale a la tía en la que nos metió, con lo bien que estaríamos en el paraíso. También esta el árbol del ahorcado, con la versión Judas y sus treinta monedas; o la versión el bueno, el feo y el malo. Menos conocida, quizás, pero igual de interesante es la historia sobre un roble que talaron los descendientes Merovingios.... Hasta remontándonos en lo más profundo de la historia, me podía haber estirado a la sombra del Hom generador del universo, ¡pues no! va y me toca a mí el puto árbol de la dichosa ley de la gravedad.

Ya sé, no hace falta que me lo digáis, seguro que podía haberme tumbado ha echar la siesta debajo de un almendro, o de un olivo, hasta de un cerezo, ¡pues tampoco! tenia que ser un manzano y además con puntería, ¡qué jodio! La verdad es que pensándolo mejor, tengo suerte de que los melones no cuelguen de los árboles, porque, si no, igual la humanidad se habría quedado sin ley de la gravedad y andaríamos todos flotando en el éter ad infinitum.

 
Todo esto viene a cuento, según me han dejado caer, que hay algunos energúmenos intelectualoides, correveidiles soplafarolas y calientabutacas sin conocimiento, ni masa cerebral, que se dedican a calumniarme en los entornos científicos más sórdidos, diciendo que mi formulación matemática sobre la ley de la gravedad, no salio de mi intelecto gracias al impacto inoportuno de una tierna y jugosa manzana. ¡Si lo sabré yo! y además mis chichones lo atestiguan.


La verdad es que, dudas lo que se dicen dudas ailas, pero son ridículamente pequeñas, más bien diminutas, casi subatómicas, y ya se sabia hasta en mi época, que los átomos en cuanto a energía se refiere son insignificantes ¿no? ¡Atención! que se esta acercando el pesado este del bigote y los pelos blancos que siempre está con el royo de la relatividad de las cosas.

 
-¿Qué te pasa ahora?


-Pues mira, me gustaría explicarte que la energía insignificante de los átomos es relativa.


-¡Y dale! otra vez con la misma historia, que no me des más la lata con ese discursito.


-Pero es que la curvatura del espacio-tiempo en las masas en movimiento genera un campo gravitatorio…


-Corta tío, por qué no te vas con tu amigo el del Gal y os medís mutuamente la velocidad a la que decís tonterías, ¡dios que paciencia! !Hala! ahí os quedáis me voy a echar una siesta.

miércoles, 28 de octubre de 2009

EL NAUFRAGIO





La muerte siempre rondaba a mí alrededor más cerca y durante más tiempo de lo aconsejable. Quizás, por eso, me enrole en aquel viejo y decrepito buque mercante.

No lo pensé demasiado cuando aquel extraño y enigmático contramaestre me propuso formar parte de la tripulación del fatídico navío; sobretodo después de meterme entre pecho y espalda una ración triple de pintas y media botella de ese maldito ron caribeño, salido directamente de las malditas e infectas entrañas de mismísimo Belcebú.
¡Dios aún me dura la resaca!

Cuando quise darme cuenta, mi cuerpo envarado y dolorido se mecía al compás del oleaje, en alta mar.

¡Maldita sea! Otra vez he vuelto a meter la pata hasta el fondo. La suerte está echada y las mareas decidirán, de nuevo, mi fortuna.

Convivía en el camarote junto a otros cinco marineros, todos ellos totalmente diferentes en su aspecto, nacionalidad y raza. Tan solo parecían tener dos cosas en común todos ellos: la cara de pocos amigos y la peste que echaban; que tiraba para atrás, ¡Dios, es qué no se lavan nunca estos tíos!

Los primeros días pasaron lentos y, poco a poco, entre la rutina diaria y la carga de trabajo se sucedieron más rápidamente. También juraría que me contagie de la mala cara y el mal olor; tufo, por cierto, que hacia ya días que no percibía.

No sé, si fue la tercera o la cuarta semana de navegación, cuando empecé a percatarme de que el navío no seguía un rumbo fijo y además parecía navegar de forma errática y sin un destino concreto. Pese a mis continuas y reiteradas pesquisas no conseguí ninguna respuesta satisfactoria de los componentes de la tripulación, por lo que decidí investigar por mi cuenta.

Lo primero que descubrí, fue que el capitán recibía coordenadas por radio cada semana y a continuación dirigía el barco hacia ése rumbo; hasta que éramos interceptados por un barco, una lancha o, a veces, un helicóptero aterrizaba en la proa del navío, preparada para este menester, descargando lo que parecía ser una valiosa carga, que se introducía cuidadosamente en las entrañas del mercante.


Lo segundo que descubrí fue más extraño todavía. De vez en cuando algunos yates, la mayoría de lujo, se acercaban al navío y se permitía a los tripulantes subir a bordo durante varias horas y después se marchaban llevándose parte del material atesorado en la bodega de carga.


Esto confirmo mis sospechas de que viajaba y trabajaba a bordo de un buque que se dedicaba al contrabando, ya que evitaba las rutas marítimas más transitadas y nunca se acercaba a la costa, manteniéndose siempre en aguas internacionales.

La curiosidad siempre había conseguido meterme en situaciones comprometidas y bastante peligrosas. Pero, ha veces, necesitas tentar a la suerte para que la vida te sonría, y ésta era una de esas veces y no pensaba dejarla pasar tan fácilmente, por lo que decidí curiosear en el interior del estomago de la nave.


Todos mis intentos por acceder a la bodega de carga fueron inútiles. Todas mis demandas para trabajar cerca tampoco fueron oídas. Acercarse era una tarea bastante complicada, ya que aquello parecía la entrada a un bunquer y solo unos cuantos privilegiados tenían acceso a la carga.

Solo veía una posibilidad de profanar el santa santorum del navío y era: esperar que una tormenta se desatase sobre nosotros y colarme sin ser visto, cual rata de cloaca.


Por fin llego el momento propicio. La tormenta esperada llego como caída del cielo (paradojas del la gravedad) y las suplicas de un simple mortal fueron escuchadas por el todopoderoso dios del mar, que desato la madre de las tormentas sobre el navío.


Unas tremendas olas barrían la cubierta arrastrándolo todo a su paso. Parecía como si el colérico Poseidón intentase tragarme y llevarme al fondo del mar para hacerle compañía. Un mar embravecido amenazaba con partir en dos el viejo cascaron. Yo, entre tanto, había conseguido, milagrosamente, colarme en la bodega de carga.


Multitud de cajas se apilaban formando un fantasmal rompecabezas. Antes de la tormenta debían de estar apilada correctamente, pero el frenético vaivén del barco las había hecho caer y amontonarse de forma caótica. Me acerqué con cuidado intentando averiguar que contenía una pequeña caja rota a mis pies. Al rebuscar en su interior forrado de paja, toque algo afilado y lo extraje con cuidado. Ante mi apareció el objeto más impresionante que jamás hubiera esperado ver, de nuevo.

¡De eso se trataba! Hacían contrabando de reliquias antiguas, seguramente, robadas por encargo. Viejos recuerdos acudían a mi mente al ver la extraordinaria espada que tenia ante mis ojos.


Hacia tiempo que no veía reliquias de esta naturaleza.


Casandra, mi segunda esposa, trabajaba en una empresa aseguradora, que se dedicaba a tasar obras de arte. Y yo, durante más de dos años, anduve visitando museos y galerías de arte por todo el mundo. Fueros años felices. Pero todo acabo el día del fatídico accidente en el que ella perdió la vida y yo buena parte de mi existencia.

Absorto en mis recuerdos, no me doy cuenta de que el viejo cascaron se está escorando peligrosamente hacia estribor. Un rumor a chirriar de metales anuncia una probable ruptura en el casco del barco. La presión es tremenda y un ruido ensordecedor confirma el cataclismo. El navío se parte en dos y el naufragio es un hecho.


El caos a mi alrededor es tremendo mientras las cajas caen y se destrozan desparramando las reliquias de su interior por doquier. El mar entra a sus anchas en la bodega, creando torbellinos irresistibles que lo arrastra todo hacia el fondo. Las luces de proa aún parpadean, tenuemente, iluminando una escena surrealista, en la que, lentamente, el océano se traga medio navío y buena parte de la carga; compuesta de reliquias milenarias y millonarias. Perdiéndose, lamentablemente, importantes fragmentos de la historia conocida.


La oscuridad se cierne a mi alrededor y el silencio lo llena todo.


El aire deja de llegar a mi cerebro y comienzo a notar la agradable sensación de bienestar que precede a la muerte por asfixia. Las fuerzas me abandonan y me dejo llevar. Solo siento, extrañamente, un ligero atisbo de rabia al no haber podido imaginar nunca como seria mi muerte.


De repente algo me golpea la pierna y roza mi costado en una rápida ascensión. En un acto reflejo lo agarro y dejo que me arrastre hacia arriba, sacándome milagrosamente a la superficie. El aire entra, doloroso, en los pulmones y la vida renace de nuevo en mi interior. Con un agónico esfuerzo me deslizo dentro de lo que parece una caja de madera, y lo último que recuerdo es mantener agarrada fuertemente la empuñadura de una espada.

Despierto desorientado y dolorido. Vuelvo a desvanecerme.

Una angustiosa sensación en el estomago me devuelve a la realidad. Debo haber tragado demasiada agua de mar y al regresar las sensaciones a mi cuerpo, vomito medio océano sobre lo que parece una playa.


Me incorporo lentamente aún mareado y doy un primer vistazo al lugar. Los restos del naufragio se esparcen a lo largo y ancho de una playa de arena blanca y fina, que se adentra en una frondosa y verde selva tropical, que impide ver lo que hay más allá.


Embarrancado cerca de la orilla, la majestuosa mole de acero que constituía el navío, yace seccionado y moribundo. El mar siempre se cobra, de una manera u otra, su tributo de vida y muerte.


De pie sobre la arena, repaso los acontecimientos y ordeno las ideas. De pronto, me percato de que todavía empuño la espada que extraje de la caja de madera antes del naufragio. Alzo la espada y veo el sol reflejarse perfectamente en su hoja, forjada a sangre y fuego hace más de mil años, para se empuñada, según dicen, por el Emperador Carlomagno.


La miro y la remiro y aún no me lo puedo creer, tengo en mi mano la mítica y milenaria espada Joyeuse. Aún recuerdo la primera vez que la vi expuesta en el Museo del Louvre. Y como los historiadores contaban épicas batallas donde, al parecer, participó repartiendo mandobles a diestro y siniestro.


Alegre por el hallazgo y sobretodo por continuar con vida, me dispongo a seguir mi camino, a la espera de conocer que nuevas aventuras me deparará el destino. De momento, alzo la Sacro Santa espada de empuñadura de oro y plata, y la descargo sobre la tupida maleza, abriendo camino por el que penetrar en la espesa selva y me adentro en ella a golpe de historia.

jueves, 15 de octubre de 2009

UN DÍA DE RATAS




Un nuevo y desolador amanecer disipa amargamente las penumbras de la noche, que con su manto de oscuridad anestesia la realidad y atrae el sueño liberador, regenerando este triste cuerpo que siente como el día le encarcela de nuevo el alma.

La mañana, fría y gris, preludia otro día de ratas.

Arrastro mi deteriorado cuerpo por este enloquecido mundo. Siento en las entrañas un dolor agudo, el hambre es un mal compañero de viaje. Sólo he conseguido arrancarle un trozo de pan duro y mohoso a un pobre moribundo, creo que no tardara en pasar a mejor vida ¡dichoso él! En cierta medida le envidio, por fin podrá abandonar este maldito infierno en el que nos pudrimos amargamente.

Deambulo por parajes áridos y desolados, ruinas deformes, edificios derrumbados, calles agrietadas y sepultadas de escombros. La ciudad que se vanagloriaba de ser la envidia del mundo, ahora agoniza y sucumbe ante el odio y la destrucción que, tristemente, siempre viaja de la mano del hombre.

En los últimos tres días, sólo me he llevado a la boca ese asqueroso trozo de pan mohoso, que le he arrebatado, vilmente, al pobre moribundo. La razón me ha abandonado, mi cordura pende de un hilo, sólo el instinto de supervivencia me empuja a continuar y a su vez, también, anula todos los conceptos morales y éticos adquiridos durante mi corta existencia y transmitidos durante generaciones por la misma cultura que ahora intenta autodestruirse.

Camino lentamente sin rumbo fijo, tropiezo constantemente con cascotes, partes de edificios derrumbados, fragmentos de hormigón, ventanas y puertas retorcidas y medio fundidas por el fuego, que les ha conferido extrañas formas dantescas. Un enjambre de hierros sobresale del suelo, parecen tener vida propia y se enredan en mi ropa rasgándola y convirtiéndola en tristes harapos.

Hace varios días que no bebo, la última vez fue en un sucio y putrefacto charco ¡casi la palmo! Vi como se abrían, tratando de engullirme, las puertas del averno.


Tengo la boca tan seca que los labios se me han agrietado, ¡maldita sea, me arden horriblemente! Necesito encontrar agua o este será mi último amanecer.

El cielo lleva días amenazando tormenta.

Desesperado, le pido a un Dios misericordioso, que sé que no existe, que se apiade de mí. Es extraño como la mente humana busca las soluciones más inverosímiles para solventar los problemas. Y rezar a un Dios ficticio es una salida como otra.

Finalmente la ansiada lluvia se precipita, ruidosa, sobre la maltrecha ciudad.

Extasiado, extiendo las manos y levanto la mirada hacia el cielo, recibiendo miles de gotas de agua, que empapan mi cuerpo y liberan mi alma. Abro la boca y dejo que la energía del sol, acumulada en las gotas de agua, regeneren mi maltrecho organismo. La gélida lluvia desentumece mis músculos y rápidamente, sin avisar, tal como llega se va y la sensación de paz desaparece con ella, la triste realidad vuelve con toda su crudeza, pero el bien ya esta hecho y puedo continuar mi camino, deseando conocer que es lo que me deparará el destino.

Un viento gélido y húmedo sopla con fuerza calándome hasta los huesos, parece como si quisiera, cruelmente, separarme la carne de los huesos. Busco un refugio donde protegerme del viento, pero ya no queda casi nada en pie.

El ulular de las sirenas llega hasta mis oídos, recordándome que a mi alrededor se esta librando una guerra.

El bien y el mal de nuevo se enfrentan cara a cara. El hombre contra el hombre.

Las dos caras de la misma moneda. La dualidad antagónica y a la vez singular. La bestia oscura que todos llevamos dentro intenta doblegar al ángel luminoso que se defiende ferozmente poniéndose a la misma altura destructiva que su enemigo. ¿Qué sentido tiene? ¿Quien saldrá victorioso? ¿Es posible separar el bien y el mal del interior del ser humano?


Mientras divago con estos pensamientos, a mi alrededor se ha desatado el infierno, todo el poder destructivo del enemigo cae sobre la atormentada ciudad. Mis tímpanos no resistirán tanta honda expansiva y mi cordura tampoco.

Desde mi maltrecho parapeto consigo vislumbrar, entre enormes nubes de polvo y humo, la estúpida masacre y la destrucción a la que está siendo sometida la ciudad y con ella las almas que la habitan, ya que desgraciadamente sus cuerpos han dejado de existir.

sábado, 3 de octubre de 2009

¿POR QUÉ NO ME CONOZCO LO SUFICIENTE SI SOY EL QUE MÁS CERCA ESTOY DE MÍ MISMO?





Hoy he visto mi verdadero ser reflejado en el iris de tus ojos. Esos ojos que cada amanecer me miran extrañados, como si no me conocieran o como si la persona que se despierta junto a ti no sea la misma con la que te acuestas.


Las dudas comienzan a hacerse cada vez más reales y lo que antes era una leve presión, se esta convirtiendo en un peso insoportable del que debo aliviarme rápidamente, o de lo contrario mi estabilidad emocional saltara por los aires arrastrando, a su paso, a Dios y a su madre.

Desde que Einstein desintegro los principios del tiempo y el espacio, ya no he vuelto a ser el mismo. Ahora todo es relativo y nada es inmutable. Y las personas menos todavía.

Ya lo decía Sitgmun Freud (Froit para los amigos)” la mente humana y el yo sólo pueden ser conocidos mediante el psicoanálisis” ¡y va y se queda tan ancho el jodio!, menos mal que a pasado mucho tiempo desde que largo ese discursito y ahora ya casi nadie se acuerda. ¿Para que están los amigos? aparte de para vaciarte la nevera, quedarse con tus cds, no devolverte los libros, irse de fiesta y dejarte colgado, emborracharte y follarse a tus novias cuando andas colgado, dejarte tirado cuando la poli te trinca potando delante de la comisaría… bueno, quizás Sitgmun no tenia muchos amigos y se tubo que inventar lo del psicoanálisis.
¿Pero quien se conoce realmente?

Quien se conozca realmente a sí mismo que tire la primera piedra. Quiero decir, que se la tire a sí mismo, no vaya a ser que nos de una pedrada y nos deje peor de lo que ya estamos.

Y aunque consigas conocerte hoy, ¿quien te dice que mañana continuaras siendo el mismo? ¡Hay está!, como el capullo florece y el gusano se convierte en mariposa, la mente humana evoluciona día a día, hora a hora, incluso segundo a segundo. Dicen que el pensamiento viaja a la velocidad de la luz, entonces si el pensamiento se origina en la mente, ésta debe de funcionar y por tanto evolucionar a la misma velocidad.


Conclusión, me he levantado y me he mirado al espejo y el ser que he visto no soy yo, es una persona diferente de la que era ayer, por lo tanto, necesitaré parte del día de hoy para conocerme mejor. Pero si mañana me sucede lo mismo, esto se convertirá en un bucle sin fin y yo la verdad es que tengo otras cosas más importantes que hacer que conocerme a mí mismo. Para eso están los demás, que parece que te conozcan mejor que nadie y están deseando decirte como eres y como no eres.

Para los que me conozcan, ahí les dejo mi yo de ayer, yo me quedo con el de hoy.

viernes, 25 de septiembre de 2009

LA SOLEDAD




Estoy cansado, realmente agotado. ¡Necesito soledad! La vida en la ciudad me esta desquiciando lentamente.
Quizás no sea la vida en la ciudad la que hace que mi alma chirríe, como las bisagras de una vieja puerta, si no simplemente, la vida en general y la mía en particular.

Después de recibir muchos palos, algún que otro botellazo, te rompan varios huesos y te destrocen continuamente el corazón, comienzas a plantearte seriamente la pregunta eternamente formulada por el ser humano, ¿que coño echan hoy en la tele? …No, espera, que esa no es, ¡joder como estoy hoy!, la pregunta es esta ¿que coño hago yo aquí? Ahora si. ¡Toma ya! A veces te lo preguntas y te quedas tan tranquilo, la vida sigue y hasta consigues dormir por las noches a moco tendido. Pero otras veces, algo dentro de ti vibra, te hace estremecer y genera una reacción en cadena que ya no hay Dios que lo pare.
¡Me largo! Tengo que huir. Tengo que buscar un sentido a todo esto.

¡Hala! ahí os quedáis con: el ruido, el estrés, los agobios, las malas caras, los reproches, las peleas, el sexo mendigado, los horarios, la tele basura, los sms, los recibos, las letras, la comida rápida, el sexo rápido, la familia, los amigos, los enemigos, los indiferentes… ¡ahhh!, un momento que cojo aire… los vecinos pesados, las visitas a la peluquería, las cenas de compromiso, las bodas, los atascos, la polución, las malas amantes, los orgasmos fingidos, las borracheras, los garitos donde se te pegan los pies al suelo, la mala música, las palmaditas en la espalda con el cuchillo entre los dientes, el odio, la envidia y los jinetes del Apocalipsis. ¡Ahí os los dejo!

A veces, Platon se cruza en mi vida y me comenta aquello de salir de la cueva de las sombras y ver la realidad de la vida. Siempre me repite lo de dejar de vivir una ilusión y asomarme a la realidad, pero no es tan fácil. Llevo muchos años encostrado en esta realidad de placeres y tormentos. Llevo mucho lastre, muchas cuerdas que me atan. Muchos sentimientos que me unen a los demás. Debo ser valiente y escapar. ¡Soledad allá voy!

Me dirijo hacia la libertad, el aire limpio, las verdes praderas, los horizontes de tranquilidad, la suave brisa de la montaña acariciando mi rostro, el lento transcurrir del tiempo, el ayuno, la dieta a base de lo que pille. Vida de ermitaño, rebuscando constantemente en mi interior, para encontrar en vida el nirvana, el paraíso, el cielo o el infierno. Me esperan eternas jornadas de lectura placida. Días interminables de pensamientos profundos. Largas noches de deseos insatisfechos.

¡Hostia que chungo!

No sé si podré aguantar tanta soledad conmigo mismo. Mejor lo dejo para otro día.

domingo, 20 de septiembre de 2009

DE ROMA AL SIGLO XXI





Hace 2100 años la civilización dominante tecnológica y militarmente, absorbió lo mejor de las diferentes culturas que iba conquistando. Ciencia, política, religión, arte y otros campos del conocimiento no sirvieron para que, en los coliseos, se dejara de matar, mutilar, descuartizar y aterrorizar a multitud de hombres, mujeres y niños.

Dos milenios después otro imperio masacro, mutilo, descuartizo y casi extermino a miles de hombres, mujeres y niños, que vivían al otro lado del mundo.

Hace solo 60 años en el centro de Europa se repetían las mismas atrocidades y el intento de exterminio de más congéneres de la misma especie.

A día de hoy los conflictos, matanzas, abusos, intento de exterminio, terror físico y mental, están a la orden del día.

¿Que defecto tenemos los humanos? ¿Es el instinto de supervivencia? ¿Es un gen defectuoso? ¿Es un plan cósmico, el cual, nuestras insignificantes mentes no alcanzar a interpretar? ¿O es que simplemente somos malos por naturaleza? ¡Que jodios!

Si Dios nos hizo a imagen y semejanza suya, prefiero ser ateo.
Si la naturaleza nos dota del instinto de supervivencia, prefiero no ser activista verde.
Si la cultura mantiene tradiciones repugnantes y violentas, prefiero ser inculto.
Si lo malo que hay en mi aflora constantemente, prefiero no ser.
Si mi especie es destructiva, me jode, me repatea y lo digo bien alto.

De momento puedo decidir y decido por mi mismo escribir esto, mañana puede que alguno de los de mi especie, intente joderme la vida, o puede que sea yo mismo el que se la joda a alguien.

Quien sabe quizás las decisiones futuras de unos pocos, afecten el delicado equilibrio del mundo en el que nos movemos y que como pasa en un estanque en el que, al caer una gota de agua, las ondas concéntricas que genera influyen en la totalidad de la superficie, también afecten a la conducta de resto de las personas.

Los entendidos llevan tiempo diciendo que es inminente un salto evolutivo de la especie, que nos conducirá hacia una nueva conciencia y hará emerger nuevos valores. ¡Ojala!

Mientras eso pasa, yo espero que todos los que quieran, denuncien sin tapujos todas las injusticias, maltratos, agresiones y vejaciones que se realizan constantemente contra todos los seres vivos, sean o no de nuestra misma especie.


Esto empezó queriendo ser un comentario en el blog de Laura, por el tema de los toros y se convirtió en este texto. Saludos

viernes, 11 de septiembre de 2009

EL SUEÑO






Me he levantado esta mañana con una sensación extraña. Durante todo el día han rondado por mi cabeza, partes inconexas de un maldito sueño, que no consigo fijar del todo. Lo he intentado. Por dios y el diablo que me he esforzado, pero nada. La rutina del trabajo me aleja de esos pensamientos y me devuelve a la vida real. La jornada transcurre monótona. Como casi siempre.

La noche llega de nuevo y el día se diluye como un recuerdo. Cansado, me acuesto intentando dormir, pero la mente en vez de relajarse y adentrarse en la oscuridad placida del sopor, se empeña en seguir funcionando a toda maquina. Las ideas se agolpan, pisándose unas a otras. Las historias se crean y se destruyen a la velocidad de la luz. Los personajes se empujan, se gritan, se aman, se odian. Cambian los nombres, los sexos, las personalidades. Sus bocas escupen miles de frases, poesías, amor, odio, placer. El caos, majestuoso, tiraniza mi mente. La vorágine de materia narrativa, en estado puro, amenaza con colapsar mi alma. Pero cuando estoy a punto de perder el control, lentamente, una historia irrumpe con fuerza.

Con un campo gravitatorio propio, la historia atrae irresistiblemente todo cuanto hay a su alrededor y comienza a girar, vertiginosamente, cogiendo forma. Como si de un agujero negro se tratara, la narración absorbe lo que necesita y escupe lejos, muy lejos, lo que no le interesa. Como si alguien, que no soy yo, guiara los hilos de la narración. En un lapso de tiempo indeterminado, el relato a sido creado, por obra y gracia de…¿He sido yo? Vuelvo a dudar de mi capacidad para generar historias. Alguien o algo dentro de mi sueño ha sido el responsable, pero con toda seguridad no he sido yo.

¡Joder! todas las noches igual. Me cuesta un huevo dormirme y cuando me despierto por la mañana, noto esa extraña sensación de haberlo tenido en la palma de la mano y por más que intente recordar, la historia se difumina dramáticamente de mi mente.

Esta noche lo intentare de nuevo.

Algún día despertaré, miraré la palma de mi mano y desearé con toda mi alma poder ver, por fin, la obra tantas veces soñada.

lunes, 7 de septiembre de 2009

UN DÍA COMO HOY NACÍ YO






Un día como hoy los londinenses escuchaban por primera vez sonar el Big Ben y años después, tristemente, escuchaban caer bombas sobre la ciudad.

Un día como hoy nació Google (alguien se forró con esto, ¡yo no!).
También Buddy Holly y Gloria Gaynor que nos regalaron su música (bueno, si te la bajas de Internet te sale gratis, pero si no, a pagar).
Un día como hoy nacían: Dario Argento y sus míticas películas de terror. JJ Benitez y sus Caballos de Troya, aunque yo prefiero La Rebelión de Lucifer, aunque suene a plagio (yo tengo unas copias del original ¿que dicen, esta guardado en una caja fuerte en Chicago desde los años 30?). Molcolm Bradbury escritor, quien lo haya leído, mejor para él.

“7 de septiembre” es el titulo de una canción de Mecano.

Un día como hoy nací yo y esta por ver que aportare a esta tierra de vándalos. De momento, mis dos crios, besos para ellos y para Montse, que me ha regalado un libro que llevaba años buscando y me ha hecho mucha ilusión.

Ya se que esto no le interesa a nadie, pero a mí sí y quería que quedase escrito. Felicidades a todos los que hoy cumplen años. Y a mi sobrina Judith, que es su santo.

EL CARTERO






A Dante, la jodida vida le había golpeado duro. Quizás demasiado. La rueda de la fortuna giraba hacia otro lado y su existencia era, desde hacia muchos años, una triste sombra de la realidad. Últimamente, solo tenia tres cosas en la cabeza: la botella, las putas y su moto. Bety era una vespa del servicio de correos, con la que repartía la correspondencia todas las mañanas desde que entró a trabajar para el estado, hará unos dos años.


Cuando Dante montaba a Bety, los problemas desaparecían como por arte de magia y la vida parecía darle un respiro. Sentir como Bety vibraba entre sus piernas le producía una especie de éxtasis místico. En su trajín de cartero repartía, embriagado, la correspondencia, al tiempo que montaba una y otra vez a su Bety. Pero, la carne es débil y la del hombre más, por lo que Dante recurría, compulsivamente, a las putas del barrio, que saciaban su ansia de sexo. Finalizada su jornada, triste y amargado, volvía a su apartamento para seguir su orgía con la botella, su otra gran pasión.

¡Joder! Igual no vivía tan mal el cabrón, si todo lo que hacia era beber, fornicar y montar en moto. ¡Estos funcionarios se quejan por vicio! Y Mario el que más.

viernes, 4 de septiembre de 2009

EL PINTOR





La mancha, crece angustiosamente y amenaza con salirse del lienzo. El pintor, en una lucha titánica, lanza pinceladas a diestro y siniestro, como poseído por el alma de un antiguo maestro del renacimiento. La mancha, inmune a los gritos e insultos que salen de la boca del pintor, se estira, se alarga, se encoge y se mueve, totalmente a su antojo, por la tela, haciendo que el artista, preso de una furia inhumana, en su afán por taparla, por disimularla, por deshacerse de esa intrusa que, osada y poco respetuosa, intenta boicotear su obra, lanza toda la munición que le queda, salpicando el cuadro con trozos de pintura de todos los colores. Lanza pinceles, le tira trapos, escupe sobre el lienzo, golpea con desesperación y finalmente cesa el frenesí salvaje que le invade y la calma deja paso a la creación artística. A la mañana siguiente el pintor se despierta sobre el frío suelo de su estudio y a sus pies, aparece, la madre de todos los cuadros, la obra maestra por antonomasia. Pero, la mancha continua a la vista del pintor y este desconcertado se acerca al lavabo y abriendo el grifo, se limpia los ojos con agua clara, dándose cuenta que la mancha no estaba en su lienzo, si no, que estaba en sus propios ojos. Incrédulo y maravillado, el artista se dispone a repetir la obra y las dudas le asaltan ¿debo confiar en mi talento? ¿Ha sido un golpe de suerte? ¿O debería salpicarme los ojos? El mundo de los artista esta plagado de grandes obras que nunca se podrán repetir, porque se crearon gracias a un cúmulo de circunstancias irrepetibles.

lunes, 31 de agosto de 2009

EL AZAR




Cuando me siento a escribir, normalmente, dejo que la pluma se deslice, suavemente, sobre la hoja, trazando extraños movimientos, ondulatorios, que siguen un ritmo, monótono, pausado, casi hipnótico, que suelen acabar en una serie de frases sin sentido aparente, pero que el azar reubicará, dando cohesión allí donde antes solo había caos. De nuevo, lanzo los dados al aire y, la fortuna coloca las cosas en su sitio, dando forma a la escritura y sentido a la historia. Quien crea que el talento lo es todo, se equivoca. Quien crea que el conocimiento lo es todo, se equivoca de nuevo. Quien no crea en el azar, se engaña a si mismo. ¿Si no, como creéis que podría escribir todo esto?

sábado, 29 de agosto de 2009

PARA QUE ESTOY EN EL MUNDO.


La salvación es un concepto esquivo, una finalidad amarga en su planteamiento, un objetivo anhelado por la mayoría y que se escapa casi siempre en el último momento. No, no os dejéis engañar y convirtáis la salvación en ese paraíso deseado, marcado a sangre y fuego en el código genético de la especie para que esta perdure eternamente. No, no persigáis esa ilusión, esa quimera es en realidad solo un sucedáneo de lo que podríamos encontrar si nuestro objetivo no fuera la meta y si el día a día. El camino que andamos es en si mismo la meta, el nirvana, el paraíso, llámalo como mas te guste. Y así pues, si lo planteamos de esta maneta la respuesta es obvia: no estoy en esta vida para alcanzarlo, si no para buscarlo, ¿ya que una vez alcanzado que es lo que te queda­?, solo el camino recorrido, las amargas experiencias, el amor, el dolor, la pena, la alegría, en definitiva los sentimientos.
Pensamiento aportado por un primo hermano del maestro Zen Chi ki to.

viernes, 17 de julio de 2009

EL ALMA INMORTAL





La Guadaña efectúa una vez mas su cometido ancestral y le arrebata el alma inmortal a otro cuerpo moribundo, cuyo destino es pudrirse en el campo de batalla, con el fin de diseminar por la inmensidad del universo su esencia atómica y por tanto eterna, hasta que el destino, siempre caprichoso, de forma a un nuevo ser, para que el alma inmortal retorne y pueda descansar, aunque solo sea durante unos breves instantes en su inagotable e interminable búsqueda del conocimiento…¿o lo que sea que busque?.

LA PARTÍCULA ENERGÉTICA





Una partícula elemental atraviesa velozmente la inmensidad del cosmos en un viaje eterno y sin fin, con el único objetivo de llegar a la frontera limite del universo. La fuerza interna que la empuja irresistiblemente hacia los confines del universo, no disminuye ni se altera lo mas mínimo al atravesar el centro incandescente de las estrellas, y los campos gravitatorios planetarios los utiliza para impulsarse al tiempo que esquiva fácilmente la atracción voraz de los agujeros negros, en pos de su destino final

EL SER HUMANO

El otro día alguien me pregunto si era religioso o ateo, a lo que yo respondí sin titubear, -soy incrédulo y contradictorio por naturaleza, igual que la mayoría de los de mi especie-. ¿Y a que especie perteneces? me pregunto de nuevo, - a la especie humana- le conteste. Pues no os entiendo.Claro, le dije, porque eres de otro planeta, aquí la mayoría no suele creerse lo que ve y el resto no hace lo que dice y los pocos que quedan, sabiendo lo que han dicho y no creyéndoselo, acaban haciéndolo igualmente.

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